SABOR AMARGO.


Ayer se cumplían quince años del asesinato de Gregorio Ordoñez. La Fundación  que lleva su nombre y preside su viuda, Ana Iribar, quiso hacer coincidir tan infausta fecha con la entrega del Premio Gregorio Ordóñez, en su XIII Edición,  a la Asociación Dignidad y Justicia, “por su infatigable constancia y labor en defensa de las víctimas del terrorismo…”.

El acto, que se celebró en la Sala de Cámara del Kursaal, fue emotivo, equilibrado, y hermoso. Tonia Etxarri fue la encargada de presentarlo y conducirlo; sus palabras, sus gestos, su profesionalidad, su generosidad autocrítica,  fue todo un ejemplo. Quienes subieron al estrado –desde el querido compañero de Gregorio, Javier Urbistondo, hasta Daniel Portero– nos reconciliaron con lo mejor de la política y de los movimientos cívicos. Chelo Aparicio fue la encargada de dirigir un documental que recorría con imágenes y declaraciones la vida y el compromiso de Gregorio; sus palabras, su entereza, su compromiso, nos volvieron a recordar la grandeza de aquel joven de treinta y seis años al que ETA asesinó porque los terroristas sabían que Goyo era demasiado valiente como para poderle vencer de cualquier otra manera que quitándole la vida.

Ana Iribar nos habló del marido, del padre, del amigo, del político. Y expresó su esperanza en que los nuevos tiempos del País Vasco sean, de veras, los tiempos del constitucionalismo y de la libertad que Gregorio Ordóñez peleó durante toda su vida.

Todo muy bien. Pero lo que os acabo de contar no es todo lo que allí pasó.  Hay otra realidad, esa que nos deja el sabor amargo, que también quiero compartir con vosotros. El aforo estaba medio lleno; o medio vacío, según se quiera mirar. Hace cinco años, en ese mismo lugar, celebrando el mismo aniversario, la gente no cabía en la sala. Los máximos dirigentes del PP del País Vasco estaban presentes; pero es evidente que ese partido no movilizó a su gente y se limitó a cubrir el expediente. Estaban también, cómo no,  Regina Otaola, María San Gil, Pilar Elías, Nerea Alzola, Olivia Bandrés…; o sea, los amigos de Ordóñez. Estaban bastantes compañeros de Basta Ya, compañeros de UPyD, militantes y dirigentes de otros movimientos cívicos como Cristina Cuesta… Del Partido Socialista de Euskadi no había nadie. Nadie. Del Ayuntamiento de San Sebastián (salvo los concejales del PP), no estaba nadie. Nadie.

En el documental–encargado y pagado por la Fundación Gregorio Ordóñez– hablaron Patxi López y Rodolfo Ares. Hablaron de lo que Ordóñez representa aún hoy; de cómo su actitud, sus palabras, su lucha sin cuartel frente a los terroristas y sus cómplices, su declaración de ciudadanía frente al discurso de la tribu, sigue siendo un ejemplo a seguir. Pero nadie del Partido Socialista, al que el Partido Popular sostiene en el Gobierno Vasco, acompañó ayer a los amigos y familiares de Gregorio Ordóñez. Ni siquiera de oficio.

Se dice que muchas cosas han cambiado y para bien en el País Vasco. Y es verdad. Pero también hay otras que han cambiado y para mal. Los seis años y medio de gobierno socialista en Madrid se han cargado los movimientos cívicos; y el constitucionalismo en Euskadi sólo  ha llegado formalmente a las instituciones. No habremos triunfado de verdad ante el totalitarismo y la tribu, ante los acomplejados y los neoconstitucionalistas, hasta que un acto como el de ayer merezca una respuesta multitudinaria y suprapartidaria. Mientras el sectarismo y el fariseísmo impere; mientras los dirigentes de los partidos den instrucciones a sus militantes y cargos públicos para que vayan o dejen de ir a los homenajes a las víctimas,–es imposible explicar la ausencia total de socialistas sin mediar una instrucción previa–  los Gregorio Ordóñez asesinados por ETA no podrán descansar tranquilos.

Ayer recordamos al hombre valiente, al joven constante, al políticamente incorrecto Gregorio Ordóñez. Hoy, después de las ausencias, le echamos mucho más en falta. Cuando los enemigos de la libertad le llamaban fascista  por exigir que se cumpliera la ley, Gregorio levantaba la cabeza y les señalaba con el dedo. Su ejemplo nos ayudará a quitar el disfraz a los fariseos; y a no olvidarlo nunca.

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  1. #1 by BOUCANIER on 24 Enero 2010 - 11:57 am

    Rosa, lamentables las ausencias, no solo las del PSOE, sino también las del PP. Parece ser que por la mañana hubo una ofrenda floral en el cementerio de Polloe y las fotos que he podido consultar del acto, reflejan una escasa asistencia de público. Sólo he reconocido a una persona del PSE-EE, al concejal Alberto Rodríguez, para mí un ejemplo de concejal trabajador y buena gente.

  2. #2 by Sake on 25 Enero 2010 - 11:01 am

    Qué pasa que para defender la libetad la democracia y la vida hay fecha fija. Cuando pasa un tiempo acaso ya no hay que defender ésas cuestiones eternas. Parece que para algunos es asi ya no hay que defender la vida y la libertad y por éso se quedan en casa tan tranquilos sabiendo que han obedecido a sus jefes. Lo de la Libetad, Democracia y Vida por ésta ocasión no va con ellos ¡quizás mañana, depende!.

  3. #3 by Sirimiri on 25 Enero 2010 - 10:39 pm

    Me impresinó escuchar a Gregorio Ordóñez en el vídeo que proyectaron en el acto del Kursaal, por su claridad y su valentía. Decía en voz alta lo que, en aquellos tiempos, muchos casi ni nos atrevíamos a pensar. Un fuerte abrazo para su familia.

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