HUNGRÍA SE CONSTIPA, ESPAÑA ESTORNUDA

jun 07

Da igual cual sea el país europeo que se constipe: España es siempre la que más fuerte estornuda. La explicación es tan sencilla que cualquier madre haría el diagnóstico a la primera: somos el hijo que tiene más débiles las defensas.

Viene esto a cuenta de lo que ocurrió el viernes: Hungría saltó a la palestra cuando se conoció que el Gobierno había falsificado los datos de déficit y que su situación amenazaba quiebra. La reacción en los mercados fue inmediata: todas las bolsas bajaron, pero la que más lo hizo fue la española. El IBEX se hundió por debajo de los 9.000 puntos y el diferencial de la deuda con Alemania alcanzó su máximo histórico.

¿Qué le pasa a España? Como dije antes, es bien sencillo: no tenemos ni chequera ni crédito como país. Nuestro Gobierno está agotado y por mucho que nos/se empeñen no será ya nunca capaz de concitar la confianza suficiente para estabilizar y tranquilizar a los mercados. Y mucho menos para sacar al país adelante.

Ayer leí la última encuesta metroscópica publicada en El País, toda ella destinada a sostener que es mejor mantener la agonía del paciente que darles a los ciudadanos españoles la oportunidad de elegir quién y cómo queremos que nos gobiernen. Entiendo las motivaciones de El País: necesitan tiempo para encontrar un sustituto a Zapatero o, alternativamente, volver a entenderse con el partido que puede sustituir a quien hoy ocupa La Moncloa.

Pero las motivaciones de los que están en el stablishment (ya sea mediático, económico o sindical) no son las de los ciudadanos. Insisto: no habrá manera de que España recupere la confianza como país mientras sigamos gobernados por este personaje que ha tirado por la borda lo mejor de nuestra historia democrática. No habrá manera de que dejemos de ser los constipados de Europa mientras al frente del Ejecutivo esté un hombre que rompió todos los puentes, que dividió a los españoles entre derechas e izquierdas, entre catalanes, vascos, gallegos, castellanos, andaluces…; que hizo de las diferencias ideológicas una nueva forma de barricada, un argumento para el desencuentro y la ruptura de los grandes pactos.

No habrá manera de que nadie vuelva a fiarse de España mientras al frente de su Gobierno esté un personaje que afirma que el Gobierno de la Nación no puede intervenir sobre el cincuenta y cinco por ciento del gasto público;  un hombre que dijo que bajar los impuestos era de izquierdas y que subirlos a los ricos es también de izquierdas; un hombre que negó la crisis; que defendió la solvencia del sistema financiero español mientras se hundían la mitad de las Cajas de Ahorro; un hombre que dilapidó los ahorros de todos los españoles en aventuras populistas y demagógicas. Un hombre, en suma, que llegó al Gobierno creyendo que tenía baraka y que ha gobernado nuestros destinos fiándose de la suerte. De su suerte, que es y ha sido nuestra desgracia.

Por eso insistiré una vez más: a nadie (salvo a los que quieren decidir quien es el recambio) le favorece mantener la agonía de este Gobierno. A nadie (salvo a los nacionalistas catalanes, que están a lo suyo, enmascarados en un discurso de “hombres de Estado” mientras defienden los referéndums secesionistas e ilegales) favorece que siga al frente del Ejecutivo un hombre que ya ha fracasado. Nadie, salvo los que piensan en su negocio de influencias (yo quito y pongo Presidentes) puede sostener con el mínimo rigor que España pueda permitirse seguir gobernada por un hombre que hace saltar todas las alarmas cada vez que debe tomar una decisión o, siquiera, la palabra.

A este panorama profundamente conservador y defensivo que he descrito se suma la resistencia desde dentro del PSOE: ellos están buscando fórmulas para recuperarse o perder por la mínima. Por eso especulan con una nueva tregua Rubalcaba y todos sus medios de comunicación afines. Por eso nos vuelven a sacar el señuelo de la paz. Es su última jugada, vieja y conocida, pero sobre la que aún no han perdido la esperanza de que surta el efecto deseado; ya se sabe que el cloroformo, convenientemente esparcido, siempre ha dado muy buen resultado entre los españoles. Eso y el futbol, que es otra clase de opio.

Pues bien: nosotros no nos vamos a rendir; vamos a seguir pidiendo que nos dejen opinar a los ciudadanos, que nos dejen decidir nuestro futuro, que nos dejen actuar como ciudadanos libres, no sometidos a las componendas, a los cálculos de los poderosos, a los plazos de las elecciones o de las sentencias de los tribunales. Y seguiremos proclamando, alto y claro, que un político que ya ha fracasado al frente del Gobierno sólo puede traer el fracaso a España. Y eso significa, ni más ni menos, que el fracaso de varias generaciones de españoles. Y por ahí no vamos a pasar.

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