La grandeza de un Nobel

Quizá lo más apropiado sería hablar de la grandeza de un hombre llamado Mario Vargas Llosa que llegó a ser proclamado Premio Nobel de Literatura en el año 2010. Porque lo más conmovedor, lo mejor de Mario, no es que sea un magnífico escritor, un gran fabulador, un Cuentacuentos enternecedor y prolífico. Lo irrepetible es el hombre.

El hombre que un día lejano decidió abandonar su refugio de escritor para ofrecerse a representar a sus conciudadanos peruanos. El hombre que recorrió Perú entero hablando de regeneración, de ética, de política, de economía, de democracia. El hombre que, habiendo evolucionado desde el marxismo “hasta ser el liberal y demócrata que soy” (así se describe él mismo), decidió abandonar la comodidad del sitio conocido, las letras, para enfrentarse al veredicto de las urnas.

No es fácil hacer lo que hizo Mario. No conozco a nadie que se haya arriesgado tanto por amor a su patria, un lugar al que volver y ser feliz, tal y como él entiende la patria Por amor a su país y a sus gentes él desnudó su alma y se arriesgó  a perderlo todo, incluso lo que para él es lo más sagrado, su tiempo para leer y escribir.

Mario demostró en su aventura política peruana hasta qué punto la política es una vocación que en él se confunde con la pasión por la democracia. Un compromiso que le arrastró por encima de los intereses personales, por encima de los cálculos, por encima de cualquier otra consideración humana. Quiso estar con los suyos, servirles. Quiso representar y defender los intereses de los más débiles, de los más necesitados y ser su interlocutor  frente a los poderosos. No pudo ser, los suyos no le eligieron. Pero su gesta no se olvidará nunca. Su gallardía, su valor, su claridad, su verdad, forman parte también de la historia democrática de Perú. Quizá llegó demasiado pronto, no se. Pero, como decía un viejo amigo mío, otro Mario que ya no está entre nosotros, pocas veces triunfan a la vez las ideas y las personas que las representan.

Su discurso en la aceptación del Nobel es para leer, subrayar y guardar. El hombre Mario demuestra en él oda su grandeza y toda su dulzura. Las palabras de amor a su esposa Patricia no dejan indiferente a nadie. Sólo un hombre fuerte, sólo un gran hombre, puede emocionarse y emocionarnos así. Gracias Mario, por dejarnos ser de los tuyos.

3 comentarios a La grandeza de un Nobel

Deja un comentario