Alguien lo dijo antes

may 03

Un conocido mío, cinéfilo empedernido, suele interrogarse cada vez que vuelve a ver “El Padrino” sobre la necesidad de seguir haciendo cine una vez que está hecha esa película.

Eso siento yo cuando leo algunos artículos sobre el totalitarismo en general o sobre ETA en particular: que todo está ya dicho y solo cabe repetirlo.

La historia de las víctimas no ejecutadas, como pedía hace unos días Antonio Muñoz Molina, pide paso para ser escuchada. Ellas han venido haciendo su duelo e interpelando a la sociedad desde el mismo día en el que los enemigos de la democracia les hicieron víctimas a su pesar. Ellas, las madres y padres, huérfanos, las hermanas, los hermanos, los hijos, las esposas de los muertos… no esperan nada de los que les asesinaron; ellas nos cuentan su drama a nosotros, a los ciudadanos que salvamos nuestras vidas gracias a que ETA eligió a otros ciudadanos para arrebatarles la suya.

Hoy vivimos momentos turbios en los que algunos gobernantes parecen confundir el bien y el mal; tiempos en los que los terroristas son demandados por un gobierno legítimo para participar como invitados especiales en conferencias sobre la convivencia y la paz; tiempos en los que un gobierno legítimo muestra tal preocupación por la vuelta a casa de los terroristas que hasta elaboran un plan integral para acogerlos; tiempos duros en los que los testaferros de ETA copan las instituciones con la aquiescencia de gobernantes democráticos que apelan a nuestra cooperación hablándonos de “valor”, “tiempo nuevo” y “comprensión” en vez de verdad, justicia y dignidad.

Y todo esto era para decirles que encontré hoy un artículo escrito por Pilar Ruiz Albizu, nuestra madre coraje, la madre viuda de Joxeba Pagazaurtundúa, el amigo de todos, ese joven agente de la policía municipal de Andoain que nos acompañaba a manifestaciones y funerales; ese joven padre, hijo, hermano, que nos hacía mejores con su amistad.

Todo esto era para regalarles las palabras que Pilar dejó escritas el cuatro de diciembre de 2005 en El Diario Vasco. Todo era para pedirles que no olviden.


No ofender a los asesinos

Patxi, leo que contestando a María San Gil en EL DIARIO VASCO dices: «tenemos demasiados muertos a nuestras espaldas como para aguantar sus mentiras».

Yo digo: «Yo sí tengo un muerto en mi alma como para aguantar tanto fingimiento».

Tú me mentiste en el aniversario del asesinato de Joxeba. No ibais a tratar con el PNV, menos con Batasuna -decías- Me parece que entonces ya veía lo que estabais pensando o quizás teníais ya en marcha. Os duelen mucho los muertos, eso me decías el 8 de febrero de este año que va terminando. Creo que sí, que os duele, pero con un dolor como cuando te das un golpe en el codo. Duele muchísimo pero enseguida se pasa, y eso es lo triste. A vosotros se os pasa todo porque os falta el poso de nuestros mayores, de los viejos socialistas, y ya no cuenta nada lo suficiente para vuestras políticas que caducan enseguida. Se os pasa enseguida el dolor, pero en nosotros cada día la falta es mayor.

Cada vez que veo a mis nietos se me rompe el alma, pues primero al lehendakari le importó muy poco el peligro de mi hijo Joxeba porque había firmado el Pacto de Estella y ahora os veo a vosotros con esta pantomima tan triste de ni tan siquiera saber que los asesinos y sus amigos no se sentirán culpables si todos nosotros disimulamos. Y deben sentirse culpables por haber matado, Patxi. Esto es lo primero para seguir hablando y sobre todo para hablar de generosidad del Estado. ¿O es que crees que también hay que dar parte de la razón a los asesinos?

¿Por qué no tienes la valentía de ser franco? Ten la valentía de decir de una vez que nos habéis amortizado, que vais a enterrar la memoria, poco a poco, porque creéis que así aceptarán dejar de matar. Y que no queréis ofender a los verdugos para que no se echen atrás. Decidnos de una vez y sin tapujos lo único que no ofenderá a los verdugos: que somos víctimas del conflicto vasco y que los verdugos han sufrido mucho matándonos.

Yo, desde luego, tengo derecho a decir lo que creo que os merecéis. No digas que os duelen los muertos porque eso lo guardas para un día al año, y eso, por haceros la foto de grupo. Por la imagen, por la apariencia de lo que no sois, ni hacéis. ¡Qué desgraciada me siento y qué engañada! No sólo por ti, Patxi, no te creas, también por otros que se decían amigos de mi hijo y observo cómo se portan por un trozo de pan que cogen de vuestras manos.

Llevo escribiendo cartas que me guardo desde el 14 de mayo de este año porque mi médico me lo aconsejó, porque pensaba que me iba a reventar el corazón al escucharos a ti, a Buen, a Odón, a Pastor. He pensado más de tres veces, como me decía mi padre, si debía o no publicar ésta página después de tu entrevista en Gara y después de hacerte el ofendido en el Parlamento Vasco ayer. Creo que sí debo. Con toda la humildad.

Lo repito, ¡qué solos y qué tristes se quedan nuestros muertos! y también los vivos que quedamos cual cadáveres vivientes porque con vuestras palabras abrís y hurgáis en nuestras heridas que no dejan de sangrar. Y no os enteráis, Patxi, porque vuestra mente política funciona al ritmo de los telediarios, al día. Y eso es lo grave, la falta de memoria cuando hay que derrotar a los asesinos. Vosotros llamáis a las cosas ya por los nombres que no son y ni sabéis que eso es lo primero que buscan nuestros verdugos. Seguramente éste será mi último consejo Patxi: nunca hay que escupir al cielo porque luego te cae el escupitajo en la cara.

P.D. Pierdan la esperanza aquellos que piensen que insisto demasiado sobre un tema que parece no preocupar a los ciudadanos. Mantener la memoria y luchar contra la impunidad, el fanatismo y el totalitarismo criminal de ETA, es el lema de mi vida. Ninguna de las demás cosas que hago y por las que trabajo merecen un esfuerzo mayor.

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