Nos piden que convivamos con las alimañas, que celebremos que ya no nos van a devorar. Quieren que consideremos un triunfo que su hambre haya sido saciada porque quienes nos gobiernan han decidido olvidar que han asesinado a ciudadanos inocentes que defendían, en nuestro nombre, la libertad y la ley.
Nos piden que nos acostumbremos a compartir espacio con esas garrapatas infectas que no nos han dejado vivir, que han esperado agazapadas para atacarnos, que han ido achicando nuestro espacio, que han obligado a marcharse a quienes ya no podían soportar el miedo y el asco.
Nos hablan de convivencia; a nosotros, que nunca hemos hecho otra cosa que tratar de sobrevivir al drama.
Nos dicen que ETA ya no existe; y que por eso hay que acercar al País Vasco a los verdugos terroristas, para que estén cerca de sus víctimas y nos perdonen por nuestra inquebrantable incomprensión y rechazo hacia ellos y hacia toda su historia.
Nos piden que les aplaudamos por habernos salvado la vida permitiendo que los testaferros de ETA gobiernen las instituciones democráticas en cuyo nombre han instaurado casi mil víctimas.
Nos exigen que perdonemos a quien no nos ha pedido perdón; nos critican que nos neguemos a olvidar. Nos consideran un estorbo para su plan de reconciliación porque les decimos que ese plan nos recuerda demasiado a una rendición.
Están orgullosos de que los testaferros de ETA les aplaudan cuando hablan en el Parlamento y les lanzan ofertas a quienes están en la cárcel por sus crímenes y su crueldad. Son felices cuando el demonio les dice que van por el buen camino.
Otorgan premios literarios a un terrorista fugado de la cárcel en 1985, que sigue en paradero desconocido. Dicen que el Jurado, -nombrado por ellos, nuestros gobernantes- es independiente. Hacen gala de su neutralidad, como si se pudiera ser neutral entre el violador y la víctima, entre el pederasta y el niño, entre el maltratador y el vejado. ¿Cómo un jurado nombrado por el Gobierno socialista vasco, sostenido por el Partido Popular, pudo siquiera evaluar la “obra” de un terrorista huido de la justicia sin que se les encendiera la luz de alarma?
¿Cómo hemos podido llegar a esto? Demasiada cobardía, demasiada indignidad. Demasiado silencio, demasiado cálculo político, por activa y por pasiva. Ellos, nuestros gobernantes, han perdido hasta la piedad.
No nos dejaremos arrastrar. Nunca seremos cómplices de esa rendición, de esta traición. Nunca aceptaremos la equiparación entre víctimas y verdugos; nunca aceptaremos a las alimañas como animales de compañía. Nunca olvidaremos quién las metió en nuestra casa. Nunca descansaremos hasta que toda la historia del terror y todos sus protagonistas sean juzgados y condenados; por nosotros y para la historia.
Cuando se inició el proceso de primarias que ha culminado este pasado sábado día diecisiete, solicité la confianza de los afiliados de UPyD a través de esta carta:
“Como sabréis he tomado la decisión de presentar mi Candidatura a la Presidencia del Gobierno dentro del proceso de Primarias abierto en el seno de nuestro partido. Hoy me dirijo a todos vosotros para recabar vuestro apoyo y poder representaros como candidata de Unión Progreso y Democracia en las próximas Elecciones Generales del 20 de Noviembre.
A punto de cumplirse los cuatro años desde que pusimos en marcha nuestro partido hemos demostrado con nuestro trabajo que nada es imposible. El rigor y la ambición de país con la que hemos encarado nuestra responsabilidad, –en todos los frentes, desde la calle hasta los foros de Internet, pasando por las propuestas realizadas en el Congreso de los Diputados, en el Parlamento Europeo y en el Parlamento Vasco–, han roto barreras y tabúes y han obligado a incorporar al debate político propuestas y alternativas que estaban vetadas por el stablishment político, económico y mediático.
Conviene no olvidar que hasta que llegamos al Congreso de los Diputados nadie había propuesto en foro parlamentario alguno las reformas constitucionales que permitieran al Estado recuperar competencias para garantizar la igualdad y la libertad de todos los españoles; ni la reforma imprescindible y urgente de la Justicia para hacer viable el principio constitucional y democrático de la separación de poderes; ni la supresión de privilegios de los cargos públicos; ni la reforma del Código Penal para impedir que los imputados por delitos contra la Administración Pública fueran elegibles; ni la reforma de las Cajas de Ahorro para expulsar de sus Consejos de Administración a los políticos que las parasitan y las han llevado a la ruina; ni las reformas del mercado de trabajo que rompan con la dualidad del sistema contractual, incentiven el empleo fijo y aporten competitividad a las empresas y estabilidad a los trabajadores; ni la supresión de duplicidades entre administraciones públicas y la fusión de ayuntamientos para prestar los mejores servicios a los ciudadanos con la máxima eficacia y eficiencia.
Nadie, hasta que lo hicimos nosotros, se había atrevido a plantear la reforma de la Ley Electoral como una asignatura pendiente de la democracia, en la que son los ciudadanos quienes sufren directamente la vulneración de su derecho a elegir a sus representantes en igualdad de condiciones. Nadie había defendido sin tregua y en todos los debates el derecho de todos los servidores públicos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado a ser tratados con equidad entre ellos, atendiendo exclusivamente a la función que desarrollan y no a la administración de la que dependen. Nadie había planteado sin complejos la necesidad de progresar hacia un Estado Federal que llamamos cooperativo, en el que el Gobierno del Estado tiene la fuerza y las competencias suficientes para garantizar la cohesión del Estado y la igualdad entre todos los españoles. Ninguna fuerza política se atrevió a votar en contra del nuevo y ruinoso sistema de financiación de las CCAA; ningún partido político se opuso a los dos estrambóticos planes E que contribuyeron a fomentar un endeudamiento que ningún ayuntamiento se podía permitir. Y, por último y para no ser exhaustiva, fuimos los primeros en reclamar –en 2009, durante el primer debate del estado de la Nación— un pacto de Estado o la convocatoria de elecciones.
Hemos defendido en solitario la reforma de la Constitución para mejorar la calidad de nuestra democracia y para diseñar un modelo de país para los próximos treinta años; un país más justo y más libre, sostenible, cohesionado, eficaz y eficiente. Por eso nos hemos opuesto a esta última reforma de la Constitución que no parte de un consenso político sino de una urgencia económica y que es, además de innecesaria, completamente ineficaz salvo que se acometan las grandes reformas estructurales en materia constitucional que España necesita.
Conviene que no olvidemos que siempre hemos cumplido nuestros compromisos con los ciudadanos. Hemos defendido la transparencia y la hemos practicado. Defendemos la regeneración democrática, y por eso llevamos a la calle los debates políticos, sin miedo a las preguntas, sin miedo a las críticas, sin temor a la cercanía y el control de los ciudadanos. Porque regenerar la democracia es devolver a los ciudadanos el control sobre la política.
Somos un partido nacional, progresista y transversal, con un único programa y el mismo nombre en toda España. Por eso nos hemos presentado en todos los procesos electorales, para darles a los ciudadanos la posibilidad de elegir, porque eso y no otra cosa es la democracia. Hemos concurrido a las últimas elecciones municipales con casi siete mil candidatos, movilizando todas nuestras fuerzas para hacer posible que los ciudadanos conocieran que existe una alternativa a los partidos políticos viejos que sólo aspiran a sustituirse alternativamente en el poder. Y hoy estamos trabajando en muchos municipios de España y en dos asambleas autonómicas demostrando que se puede hacer otra política y que se puede hacer política de otra manera.
Durante estos cuatro años he tenido la responsabilidad y el honor de representar a los ciudadanos en el Congreso de los Diputados y a vosotros como Portavoz de UPyD en toda España. Sabéis que agradezco vuestro apoyo y vuestro impulso. No siempre ha sido fácil enfrentarse con las dificultades; pero siempre me he sentido querida y respetada por vosotros y eso ha hecho que hasta los malos momentos hayan tenido más de estímulo que de freno.
Hoy os pido vuestra confianza y vuestro voto para ser la Candidata a la Presidencia del Gobierno en nombre de Unión Progreso y Democracia. La política no está para proteger sentimientos sino para garantizar derechos. Por eso y para eso quiero encabezar la candidatura de Unión Progreso y Democracia y ofrecerme, en vuestro nombre, para defender la libertad y la igualdad de todos los españoles. Muchas gracias”.
El proceso ha finalizado y los afiliados de Unión Progreso y Democracia ya hemos elegido a nuestros candidatos para las Elecciones Generales y para las Elecciones Autonómicas de Andalucía. A todos los que habéis participado os doy las gracias; y me siento deudora de todos los que habéis depositado vuestro voto para que os represente. Gracias mil.
Pero esto no ha hecho más que empezar. Hemos recorrido la parte inicial del camino; ahora hay que completar las listas y hay que hacer el Programa Electoral con el que trataremos de recabar la confianza de los ciudadanos y representarles desde las instituciones con las mejores ideas y las mejores personas.
Tenemos ante nosotros, candidatos electos, una gran responsabilidad. Hemos recibido un primer voto de confianza al que hemos de responder multiplicando nuestro compromiso y respondiendo no sólo ante el partido político en cuyo nombre nos presentaremos sino, sobre todo, ante los ciudadanos a los que optamos a representar. Salgamos a la calle; escuchemos a la gente; mantengamos nuestras propuestas y nuestros argumentos -aún cuando nos parezcan minoritarios- siempre que los consideremos justos; no demos ninguna batalla por perdida; utilicemos y fomentemos el libre albedrío; rompamos tabúes; argumentemos sin descanso frente a los eslóganes o las descalificaciones; animemos a los ciudadanos a elegir en vez de votar, a buscar lo mejor en vez de decantarse entre lo menos malo.
Que todos los ciudadanos sepan que no nos resignamos a vivir en una sociedad mediocre, sin valores, sin esperanza, secuestrada por lo políticamente correcto. Seamos revolucionarios.
El 20N, Unión Progreso y Democracia.
Recuerdo perfectamente donde estaba, con quien, lo que pensé, lo que sentí, lo que hice… aquel día del que hoy se cumplen diez años. Yo era entonces Diputada en el Parlamento Europeo. Había llegado una visita de un grupo de responsables autonómicos del Partido Socialista de Castilla León y estábamos a punto de salir hacia la Comisión Europea para entrevistarnos con uno de los Comisarios cuando nos llegó la noticia de que un avión (una avioneta, nos dijeron inicialmente) se había estrellado contra una de las Torres Gemelas de Nueva York.
Recuerdo los primeros y desconcertantes minutos en los que todo apuntaba (o quería apuntar, eso lo pensamos después) hacia un fatídico accidente. Empezamos a recibir llamadas de asombro y preocupación antes de salir de mi despacho; los primeros temores respecto de que fuese un atentado empezaron a verbalizarse… Salimos hacia la Comisión escuchando las noticias en el coche; cuando llegamos ya todo el mundo hablaba de atentado, de otros aviones que se habían estrellado, de otros que estaban a punto… En la televisión del despacho del Comisario vimos cómo el segundo avión cortaba a cuchillo la Torre Gemela…
Después los gritos, las caras de incredulidad, las Torres hundiéndose replegadas sobre sí mismas… El polvo suspendido en el aire, anegándolo todo…
Volvimos al Parlamento. Recuerdo que hasta bien entrada la noche estuvimos en mi despacho. La gente entraba y salía comentando lo que iban oyendo o viendo en distintos medios de comunicación. La televisión encendida, el mando en la mano, saltando de canal en canal, las mismas imágenes repetidas… Empezó a sonar el nombre de Bin Laden…
Recuerdo que llamaron desde España para preguntar si era cierto que habían decretado la alerta en el Parlamento Europeo, si era cierto que nos habían desalojado… No me creían cuando les decía que yo estaba en mi despacho, que no había ningún tipo de alerta, que allí todo estaba normal… Hable con mi casa, con mis hijos, les tranquilicé…
Recuerdo también el día después. Las reuniones de las Comisiones del Parlamento, las declaraciones de la de Exteriores, los discursos de los parlamentarios europeos que acababan de descubrir que el terrorismo es un problema de la democracia y que todos, todos, somos víctimas posibles; y todos, todos, somos vulnerables.
Viví en directo cómo cambiaban los discursos y las actitudes. Diputados reticentes a una política europea común contra el terrorismo se volvieron fervientes impulsores de la misma. Quienes llevaban meses negándose a que se aprobara la llamada Orden de Búsqueda Europea y la Definición Común del Delito de Terrorismo se pusieron a la cabeza de la manifestación y sólo unos meses después de aquel fatídico 11S el dictamen ya aprobado por el Parlamento (que dormía el sueño de los justos) fue ratificado por la Comisión y el Consejo.
Con las Torres Gemelas se hundió la sensación de invulnerabilidad. Todos descubrimos que nadie está a salvo del mal; todos descubrimos que la libertad necesita ser protegida; todos descubrimos que debíamos trabajar para garantizar el necesario equilibrio entre seguridad y libertad. Diez años más tarde el debate sigue abierto. No estoy convencida de que el mundo de hoy sea más seguro; lo que se es que hoy nadie se siente a salvo del todo.
Hay miedos nuevos diez años después; sufrimos una crisis económica global, con durísimas consecuencias sobre nuestras expectativas de vida; millones de ciudadanos de las potencias otrora más desarrolladas del mundo miran con incertidumbre su futuro y el de sus hijos. Ojala la lección del 11S nos la apliquemos también ante esta nueva amenaza y comprendamos que no seremos capaces de salvarnos solos. También ahora se requieren soluciones globales, política global, respuestas comunes ante amenazas sin fronteras. Ojala el polvo de esta nueva/vieja pesadilla no ciegue nuestros ojos. Porque esto tiene solución: sólo se necesitan, como siempre antes las situaciones complejas, líderes políticos capaces de mirar un poco más allá
Quiero volver a apelar al libre albedrío de los Diputados Nacionales de los distintos grupos del Congreso de los Diputados. Sigo apelando a su condición de ciudadanos elegidos para ejercer la representación política sin otro mandato que el de ejercerla con libertad y sin ningún tipo de sometimiento que al de su propia conciencia.
Los partidos políticos tienen programas políticos y electorales. Ahí están sus compromisos para la ciudadanía y para con sus propios afiliados. Pero más allá de eso, y siempre por encima de ello, está la conciencia de cada uno de los cargos electos. Si además estos han de han de pronunciarse sobre una cuestión importante, que no ha sido sometida ni a la voluntad soberana de los electores ni forma parte del programa fundamental del partido en cuyas listas ha salido elegido, no cabe otra opción que obrar en conciencia.
Me consta que hay muchos Diputados que esta semana han violentado su conciencia votando a favor de una reforma constitucional que saben innecesaria en el fondo y un disparate político y democrático en la forma. Se han vulnerado tanto las reglas mínimas del respeto a la democracia y a las formas en las que esta se expresa que creo que ni los más sectarios de cada una de las tropas pueden estar tranquilos con lo que esta semana han perpetrado.
No es sólo que hayan decidido utilizar el procedimiento de lectura única para modificar la Constitución –un procedimiento que, de facto, anula el debate y que por eso mismo está reservado en el Reglamento de ambas Cámaras para asuntos que por su simplicidad o su naturaleza así lo aconsejen–, sino que han decidido no admitir – ni siquiera a ese raquítico debate de la lectura única– una serie de enmiendas. Nos han privado a los diputados de nuestra condición de representantes de la soberanía nacional y de nuestro derecho a la participación política, uno de los derechos básicos de cualquier democracia y que está recogido – y no suspendido de momento- en el artículo 23 de nuestra CE. Como si no fuera suficiente atropello el método que han adoptado para reformar la Constitución –en un despacho a las dos de la madrugada y por lectura única en cuarenta y ocho horas en el Congreso—han impedido que siquiera se puedan someter a votación una serie de enmiendas que los distintos grupos han presentado. Este es un tema capital, que no tiene que ver con el contenido de las enmiendas sino con el respeto a las reglas de la democracia; es obvio que yo no hubiera apoyado la enmienda del PNV, por ejemplo, en la que solicitan se incorpore a la Constitución “el derecho a decidir”; o la enmienda de IU que pedía la instauración de la República. Pero no se puede impedir su tramitación una vez que ellos han abierto el melón de la reforma.
En una decisión inédita, el Partido Popular y el Partido Socialista, como un solo hombre, decidieron que en el Pleno solo se hablaba de lo que ellos querían que se hablara y que sólo se votaría sobre lo que ellos quieren que se vote. Y para conseguirlo no admitieron a trámite la enmienda de UPyD en la que se solicitaba la celebración de un Referéndum para sancionar el nuevo artículo 135. Y lo más escandaloso es que para argumentar su decisión dijeron que “supone una alteración del procedimiento de la reforma constitucional contemplado en el Título X de la Constitución”. O sea que según ellos nuestra enmienda, planteada como una Disposición Adicional, vulnera la Constitución.
¿Pero quienes son ellos, esa suma PP-PSOE en la Mesa, para interpretar la Constitución? ¿Quiénes son ellos para determinar que siquiera la tramitación es inconstitucional? ¿Tan interiorizado tienen su control sobre el TC que se permiten anticiparse a un posible futuro fallo de éste?
Como ya he dicho, iremos en amparo al Constitucional; hay precedentes en los que el TC ha sancionado a favor del recurrente en casos similares al entender que se ha vulnerado su derecho a la participación política y que la Mesa se ha extralimitado en sus funciones. No es que tenga mucha esperanza en la efectividad de este recurso; pero tengo la obligación de agotar todas las vías de defensa, de no aceptar la impunidad de los vulneradores de las reglas de juego de la democracia.
Pero en tanto el TC se pronuncia, tenemos la necesidad – y también la oportunidad- de seguir actuando contra el oscurantismo y la chapuza. Pido a los Diputados que están en contra de lo que esta semana han votado que ejerzan su libre albedrío y suscriban con nosotros una petición de referéndum. El 20N puede haber una tercera urna en la que le demos la palabra a los ciudadanos. Os pido que optéis, siquiera para esto, por hacer caso a vuestra condición de representantes de la soberanía nacional y actuar conforme a vuestra conciencia. Con 34 que obréis en conciencia es suficiente; yo soy el número 35.
Rosa Díez.
Diputada Nacional y Portavoz de UPyD.
El Pleno del Congreso del pasado día 23 tenía trampa: su verdadero propósito no era convalidar un real decreto, sino anunciar que Zapatero y Rajoy se habían puesto de acuerdo en cambiar la Constitución para garantizar la estabilidad presupuestaria.
La forma me parece una falta de respeto hacia los diputados a los que se nos trata como si fuéramos espectadores de un acto de prestidigitación en el que sólo el mago y su ayudante saben de qué va el juego. Ahora pasemos al fondo.
En primer lugar, para garantizar la estabilidad presupuestaria no hace falta reformar la Constitución ni poner un corsé constitucional a nuestros políticos, dando la impresión -probablemente cierta- de que no son de fiar. Ya hay instrumentos constitucionales para fijar límites al endeudamiento tanto del Estado como de las CCAA; ya hay instrumentos constitucionales para sancionar a aquellas administraciones periféricas que incumplan el límite del déficit o que se endeuden por encima de lo establecido. No hace falta modificar la Carta Magna para gobernar de forma rigurosa, para no gastar por encima de lo que podemos permitirnos.
He escuchado argumentar -lo dijo el presidente y lo dice Rajoy- que esto devolverá la confianza a los mercados. Qué tontería. ¿Quién se va a fiar de los dirigentes de un país que reforman su Constitución en 48 horas, sin debate público, sin pronunciamiento del cuerpo electoral, sin haber llevado la propuesta en ninguno de los programas de gobierno? Si lo cambian en dos días en una dirección, ¿quién nos asegura que no lo harán en la siguiente ventolera en la dirección contraria?
Lo que daremos será una imagen penosa, de frivolidad y poca seriedad, que tendrá consecuencias aún más negativas en nuestra valoración como país; vamos, que pensarán, y con razón, que lo mismo les da so que arre. Y este argumento es de aplicación tanto al PSOE como al PP, porque Rajoy lo planteó en una conferencia, pero ni él ni nadie de su partido hizo nunca esta propuesta en el Congreso.
Insisto en que la reforma que se plantea es innecesaria para lograr el objetivo deseable de estabilidad presupuestaria en el conjunto de las administraciones públicas. Además, y aunque parezca menos importante, éstas no son maneras. Pero si se empeñan, y ya que el día 20 de noviembre estaremos llamados a elegir a nuestros representantes al Congreso y al Senado, póngase otra urna y demos a los ciudadanos la posibilidad de pronunciarse sobre esta reforma que nos dicen Rajoy y Zapatero que es tan necesaria. Dado que no entraría en vigor hasta 2018 (año en el que se prevé que la economía española llegaría a una situación normal que pueda justificar el déficit cero), no hay razón alguna para hacerlo de otra manera.
Si se sigue adelante con esta reforma constitucional, defenderemos que sea votada por el conjunto de los ciudadanos. Al menos así se podrá debatir públicamente sobre las verdaderas razones que tienen quienes la impulsan, se darán argumentos a favor y en contra, se plantearán propuestas alternativas; nos tomaremos en serio lo que supone reformar la Constitución.
Me dijo el presidente en el Pleno que hay que tomarse la reforma de la Constitución de forma natural; a nosotros nos lo va a decir, que llevamos cuatro años defendiendo reformas estructurales tan urgentes como necesarias para redefinir nuestro modelo de país y darle un horizonte de sostenibilidad y progreso. Desde Unión Progreso y Democracia nos lo tomamos de forma tan natural que nos parece que lo natural es hacerlo bien y abordar lo importante, que además es urgente. Por eso plantearemos una vez más en sede parlamentaria la reforma del modelo territorial del Estado, recuperando el Gobierno central algunas competencias imprescindibles para garantizar la competitividad y la cohesión de España y la igualdad de todos los españoles, tales como Educación y Sanidad; o la reforma de la Ley Electoral; o la reforma del Tribunal Constitucional, para conseguir que sea un órgano independiente y deje de estar al servicio de los partidos; o el sistema de elección del fiscal general, para que represente al Estado y no al Gobierno de turno; o la supresión de la primacía masculina en la sucesión de la Corona; o la supresión de las diputaciones provinciales.
La reforma constitucional es imparable. ¿Que es complicada? Claro, por eso hay que abrir el debate de forma natural, sin ningún complejo ni prejuicio. La Constitución no es inmutable, pero merece un respeto; la hicimos entre todos y entre todos la tenemos que cambiar. No debemos permitir que se haga ni por la puerta de atrás (como se ha reformado el modelo territorial a través de los estatutos de autonomía de segunda generación) para dar gusto a los nacionalistas y/o asimilados, ni en un despacho con sillones de cuero para protegernos de unos políticos cuyo juicio no nos merece confianza.
Tomémonos en serio la democracia y pongamos todas las cartas sobre la mesa. Empecemos por evitar que la reforma propuesta sea, además de innecesaria, chapucera: el 20-N, tercera urna. Y abramos sin demora y sin miedo el debate de fondo: el modelo de país para los próximos 30 años. A ver si nos ganamos el sueldo.
Vengo observando con preocupación que hay demasiada gente que no quiere oírnos hablar de Bildu y/o de las víctimas de ETA. Cada vez que pongo un post en mi página de Facebook, entran a escribir un montón de habituales que me recriminan lo “pesada” que me pongo con este asunto, o que me piden, lisa y llanamente, que les deje en paz, que nos callemos y que ”lo arreglemos”.
Es curioso lo que ocurre en nuestro país… Tanta gente empeñada en hablar de la Guerra Civil, en revisar lo que ocurrió entonces, en responsabilizar nuevamente a los culpables, en buscar culpables nuevos, en abrir heridas, en no cerrar viejas disputas… que no quieren saber nada de lo que nos está pasando ahora mismo. Tanta gente dispuestísima a levantar tumbas y abrir fosas del pasado que nos pide que enterremos la ignominia del presente, que olvidemos la indignidad, que olvidemos a las víctimas, que hagamos borrón y cuenta nueva… En suma, que les dejemos en paz.
Lo entiendo. No es más que pura cobardía, puro individualismo, puro egoísmo. No quieren que les interpelemos, que les obliguemos a tomar conciencia de lo que está ocurriendo, porque entonces no podrán dejar de intervenir, de tomar posición. No quieren que les demos la mala noticia de que ETA no mata porque ha conseguido sus objetivos políticos y, por tanto, no necesita arriesgarse a que les detengan. No quieren que les recordemos que ETA es una organización totalitaria que utiliza el terror y el crimen para poder destruir las instituciones democráticas y la sociedad plural; y que si consigue sus objetivos sin asumir ningún riesgo para su vida o su integridad, pues miel sobre hojuelas.
Las gentes “buenas y benéficas” que pueblan nuestra piel de toro quieren seguir recibiendo buenas noticias: todo va bien, ETA ya no mata, ha llegado la paz. Las buenas gentes no quieren que les recordemos que nuestra lucha, la de los centenares de ciudadanos españoles que han sido asesinados por esa banda terrorista y totalitaria, no murieron por esta paz en la que ETA consigue sus objetivos de reescribir la historia, de que no haya vencedores y vencidos, de que víctimas y verdugos pasen a ser, por igual, parte y consecuencia del “conflicto”. Los ochocientos cincuenta y siete ciudadanos asesinados por ETA, sus viudas, sus madres, sus padres, sus hermanos sus huérfanos…. Fueron y son victimas por defendernos de los totalitarios, por defender la democracia y la libertad. No la paz de los cementerios; no la paz de ETA sino la libertad de la democracia. La libertad y el triunfo de la ley. La libertad y la derrota de ETA.
No quieren que se lo recordemos. Prefieren ser como los alemanes que no olían el humo de los campos de exterminio, que no se daban cuenta de los vecinos que desaparecían de sus escaleras, que no veían las tiendas apedreadas, que no notaban las ausencias de sus profesores, sus amigos judíos o polacos, o comunistas, u homosexuales… Las buenas gentes de la España de hoy prefieren creerse las versiones de los que nos cuentan el cuento de que esto era la paz, que todos tenemos que ceder para conseguirlo, que para esto murieron nuestros escudos, que para esto sufrimos pesadillas, que hay que ser generosos con los verdugos, que ellos también sufren…
Pues frente a las versiones, los hechos. No hemos luchado para esto, para que nos gobiernen desde las instituciones los enemigos de la democracia. No hemos luchado para que reescriban la historia los asesinos. No hemos sufrido para que haya borrón y cuenta nueva, para que no haya vencidos, para que los vencidos no sean los terroristas y los enemigos de la democracia. No hemos sufrido para que las víctimas deban callar. No hemos sufrido para que las buenas gentes, aquellas que ni siquiera tienen consciencia de que ochocientos cincuenta y siete conciudadanos suyos fueron asesinados por ETA para defenderles a ellos mismos- nos manden callar. Ni vamos a callar, ni vamos a olvidar. No hasta que derrotemos a los fanáticos y avergoncemos a los tibios. No hasta que sean las víctimas las que salen orgullosas por las calles y los verdugos los que se avergüenzan de lo que hicieron. No hasta que las madres huérfanas nos digan:”No habéis dejado solos a los muertos”.
Nuevamente Levi: Puesto que comprender es imposible, recordar es un deber. Un deber que yo cumpliré mientras tenga vida.
Durante la última campaña electoral nos esforzamos mucho en explicar que los ciudadanos tienen en su mano la posibilidad de evitar que lleguen a las instituciones personas y/o partidos que ven la corrupción política como una parte inevitable del ejercicio de la política y la democracia.
Aunque UPyD es el único partido político que por resolución congresual no lleva imputados en sus listas; aunque somos el único partido que ha intentado que en la reforma del Código Penal se declare inelegible a las personas procesadas por delitos contra la administración pública; aunque somos la formación política que consiguió a través de una enmienda que los condenados por delitos contra la administración no pudieran ir en las listas aunque su condena no fuera firme; aunque más del ochenta por ciento de los ciudadanos dicen en cualquier encuesta o estudio de opinión que lo peor de la política es la corrupción; aunque la inmensa mayoría de los ciudadanos (el tan piropeado por Rubalcaba movimiento 15M) exigían que los imputados fueran excluidos de las listas, lo cierto es que el 22M quince millones setecientos cincuenta y un mil ciento dieciocho españoles votaron a los dos grandes partidos que son los máximos responsables de la existencia de la corrupción política en España.
PSOE y PP, en virtud de un pacto de hierro, se niegan de forma reiterada a impulsar reformas legales y códigos de conducta de obligado cumplimiento en sus respectivos partidos para erradicar esa lacra que lastra nuestra democracia y aparta a los mejores del ejercicio de la política. PSOE y PP utilizan la corrupción contra la administración pública y la corrupción política de forma transversal para ganar favores y elecciones. PSOE y PP mantienen en sus puestos a los procesados por delitos de corrupción política, ya sea delitos de carácter económico (véanse los ERE´s de Andalucía, el asunto “trajes” que afecta directamente a un Presidente de una comunidad autónoma o los altos cargos del Ministerio del Interior procesados por colaboración con organización terrorista). PSOE/PP, tanto monta, monta tanto. PSOE/PP, miran la paja en el ojo ajeno y no ven la viga en el propio. PSOE/PP ensucian la política y sólo se preocupan de que ante sus futuros próximos votantes (ninguno de ambos aspiran a convencer a ciudadanos) el otro partido aparezca más sucio que el propio.
Ni al PSOE ni al PP les avergüenzan los últimos escándalos. No les avergüenza que Camps (Presidente de la Comunidad Valenciana) se siente ante los tribunales acusado de un delito de cohecho impropio, ni que García Hidalgo, secretario de organización del PSE de Álava, responsable en Interior con Rubalcaba y Camacho, vaya a ser juzgado junto con otros dos altos cargos del mismo Ministerio por colaborar con ETA (¿puede haber algo más grave?). PSOE/PP manejan los hilos de su estrategia mediática para que parezca que “lo del otro” es lo peor. Uno de los de la “R” calla, aferrado a que millones de valencianos votaron al presidente procesado sabiendo lo que había; y el otro “R”, líder del PSOE según definición propia, a pesar de estar implicado directamente por el peor delito del que puede ser acusado un mando de Interior (era su jefe gubernamental y lo sigue siendo de partido), se atreve incluso a dar lecciones de ética y teorizar sobre la necesidad de cambiar la política…
Dijimos en campaña que los ciudadanos pueden obligar a que los partidos políticos hagan lo que no parecen dispuestos a hacer por voluntad propia: si los partidos políticos ponen imputados en sus listas, si los mantienen, que no les voten. Si no les quitan ellos, quitémosles nosotros, ciudadanos que aspiramos a ser algo más que pasivos votantes. Millones de españoles no lo hicieron el 22 de mayo pasado. Y mucho me temo que tampoco lo vayan a hacer en las próximas elecciones generales. Si eso ocurre, quizá haya que llegar a la conclusión de que los encuestados mienten cuando proclaman que detestan la corrupción política; quizá a la mayoría de los españoles les gusta tener en las instituciones a políticos corruptos o dispuestos a corromperse. Quizá haya millones de españoles a los que simplemente les gustaría poder comportarse como unos pillos y dado que no pueden eligen a políticos dispuestos a portarse como unos sinvergüenzas en nombre de aquellos que, a sabiendas de cómo eran, les han elegido. Quizá los políticos votados por 15.751.118 de españoles entiendan ese voto que les llevó a las instituciones como un cheque de impunidad, que se confirmaría si dentro de unos meses vuelvan a votarles. Quizá a quienes no les avergüenzan estos escándalos sea a los millones de españoles que votan a los partidos que los protagonizan.
A estas alturas de este blog tan políticamente incorrecto sólo me queda preguntarme si entre los restantes millones de españoles no habrá suficientes de ellos dispuestos a hacer algo más que sentarse al sol para corregir esta vergüenza. Que nadie entienda estas palabras como un signo de desesperanza. Hemos demostrado que somos personas con un enorme espíritu positivo; pero negar la evidencia conduce al fracaso. Y quien está a punto de fracasar, de caerse al pozo de la indignidad política mientras se muestra incapaz de salir de la ruina económica es nuestro país, nuestra democracia. España no es una definición constitucional; España somos los españoles. Y si los españoles, por acción u omisión (quien decide no hacer nada, también está participando activamente), vuelven a dar su confianza a estos dos partidos que al alimón nos han conducido a esta crisis política y de valores, habrá que concluir que les gusta esta porquería.
Para ver hasta qué punto nuestro país está sumido en una profunda crisis sigan ustedes los mítines de fin de semana de los candidatos con R, Rubalcaba y Rajoy. O los insultos mutuos de sus jefes de campaña respectivos. Por supuesto que las páginas políticas de los diarios y las aperturas de los informativos de radio y televisión son ocupadas únicamente por ellos, de modo que todo queda como una trifulca electoral. Quienes exigimos dimisiones y asunción de responsabilidades a diestro y siniestro (si, siniestro tanto como diestro) apenas conseguimos unos titulares en algún medio digital. La imagen que llega a quienes siguen la información política por los medios de comunicación tradicionales (que aún son mayoría, no nos engañemos) es la que los dos líderes de la corrupción pretenden: todos los políticos son iguales, así que vota a “los tuyos”, o, simplemente, a quien menos asco te dé. Todo está preparado para que se repita la historia.
Este es el momento en que alguien diría aquello de: “tenemos lo que nos merecemos”. Pues que quieren que les diga, algunos no nos merecemos esto. Y porque no nos lo merecemos ni estamos dispuestos a ser cómplices de esta degradación, fundamos hace apenas cuatro años un partido político con el objetivo de regenerar la democracia. Y en su nombre y desde todas las instancias defendemos estos principios y trabajamos para cambiar unas prácticas que consideramos incompatibles con la democracia. Y como no nos vamos a callar ante nadie, me dirijo hoy a los ciudadanos que no dicen ni hacen nada o se conforman con protestar indignados. Y les digo que ellos también son responsables de que todo siga así. A todos les digo que volver a elegir a estos personajes siniestros que dirigen maquinarias políticas que promueven y disfrutan de las corrupciones, es mirar para otra parte. Vamos, es hacer lo mismo que hacen Rajoy y Rubalcaba. Claro que son ustedes libres de hacerlo; pero luego no se quejen.
Era difícil, pero lo ha conseguido: Alfredo Pérez Rubalcaba ha dado la réplica al primer gobierno no gubernamental de la historia moderna de España y se ha convertido en el primer candidato antigubernamental a la presidencia del Gobierno. Y lo ha hecho siendo aún Vicepresidente Primero del Gobierno.
Vamos a ver cosas prodigiosas. Carma Chacón -en aquel mitin que dio para apoyar al candidato de Castilla la Mancha sin candidato de cuerpo presente- expresó su convencimiento de que iban a ocurrir cosas maravillosas en un futuro cercano; pero no contaba con la capacidad de sus compañeros de partido para producir verdaderos prodigios.
Toda esta serie de prodigios empezaron con la liquidación, a manos del ejército amigo, de la propia candidata. El mismo hombre que la animó a sucederle, el mismo a quien ella apoyó ardorosamente en aquel Congreso del 2000, el mismo que se llevó de Portavoz a su primer Gobierno al hombre que vela sus sueños, sucumbió a las intrigas de APR y la dejó compuesta y sin novio de la noche a la mañana. Cuentan en los mentideros que APR se la tenía jurada al matrimonio ilustrado desde que ambos le ganaron el pulso en aquel ya lejano 2004 y él no consiguió colocar de Portavoz a quien era su candidata. La venganza se ha cocinado lenta pero inexorablemente.
Después se sucederían todos los enredos made in APR: congreso extraordinario, (pero no); primarias, (pero no); varios candidatos, (pero no)… Hasta que, finalmente, el candidato único ha surgido esplendoroso para comunicar al mundo la buena nueva: él vive en el Gobierno pero está en contra del Gobierno. Él tiene un plan; él sabe lo que hay que hacer para acabar con el paro; él sabe lo que hay que hacer para meter en cintura a esos banqueros y empresarios con los que se reúne para darles cuenta los acuerdos alcanzados en Bruselas antes de comparecer en el Congreso de los Diputados; él manda a la guardia civil cuando esta entra –a las órdenes del Juez Ruz—en la SGAE; pero no sabe nada cuando la misma Guardia Civil facilita las pruebas al mismo juez para abrir el sumario del caso Faisán; él no conoce a Teddy Bautista, pero se abrazó con él en una conferencia política de la última campaña de su partido simplemente porque pasaba por allí; él es, como dice Santiago González, manifestante y policía .
Cuando aún no habían liquidado a Carma Chacón alguien me preguntó mi opinión sobre ambos candidatos. Dije que ella era un producto del zapaterismo, mera imagen, y que él –para bien o para mal- representaba la política. Me equivoqué completamente. Nunca creí que APR fuera a superar, con creces, lo peor de Zapatero, su falta de límites, su volatilidad política e ideológica, su falta de sentido de Estado. Estoy segura de que Carma no hubiera llegado tan lejos en su empeño por diferenciarse no ya del Presidente sino del propio Gobierno mientras forma parte de él.
Al candidato Adedo (que dicen en el blog de Santi) se le afea la demagogia de sus propuestas y lo increíble de las mismas; pero pocas personas están reparando en lo arriesgado que resulta desde el punto de vista del crédito como país que los mensajes electoralistas, simplistas y demagógicos en materia económica se hagan desde el propio Gobierno. Cuando todo el mundo nos está mirando con lupa es una enorme irresponsabilidad que el Vicepresidente del Gobierno diga las tonterías que está diciendo el nuestro. Porque a nadie le queda claro –salvo que sea español y conozca a los personajes- si son propuestas electorales que desecharán en caso de ganar o se trata de la política del Gobierno actual, del que él forma parte. Todos esos juegos de palabras, todos esos gestos hacia la galería, generarán más desconfianza e incertidumbre en nuestra capacidad como país.
Me atrevo a decir que veremos aún cosas más prodigiosas. Metido en la espiral, una vez que le ha quitado al Presidente la única competencia que tenía en exclusiva, nombrar el Gobierno y hacer sus crisis, (la de convocar elecciones la comparte desde hace un año con el PNV), APR no parará ante nada. Me decía ayer un amigo que no es justo que aproveche la enfermedad de Hugo Chávez para disputarle el liderazgo del populismo facilón. Tiene razón; pero la justicia no es algo que le preocupe al candidato antigubernamental; una vez que ha abrazado la causa de la propaganda (le discute de boquilla la política a quien le ha nombrado Vicepresidente y sigue siendo el Secretario General del partido por el que presenta su candidatura), decidido a ser al más rojo de los rojos, situado a la izquierda de Cayo Lara y más indignado que los que acampaban en Sol, hay que prepararse para todo
Hace poco le dije a Zapatero -a propósito de la ruptura de la Caja de la Seguridad Social como precio para obtener los votos del PNV-, que me venía a la cabeza la frase del replicante de Blade Runner: “he visto cosas que vosotros no creeríais…”;
que nunca pensé que un gobierno que se proclama socialdemócrata y un partido que se dice nacional iba a romper el último instrumento de cohesión social que había sobrevivido a las tensiones nacionalistas y a la debilidad de los principios del PSOE actual. Hoy he de decir lo mismo respecto del candidato de su partido: nunca creí que APR creyera que puede tratar a los españoles como a las “ovejas eléctricas” del libro que da vida a esa película.
Cosas prodigiosas veremos. No descarto que lo siguiente sea un programa de televisión al estilo “Aló candidato”, en el que APR, con uniforme de acampada y todo, subaste hipotecas y hasta lavadoras.
Finalizado el último debate sobre el estado de la Nación de la era Zapatero, apagados los ecos de la bronca estéril entre PP y PSOE, secos los ojos tras las lacrimógenas despedidas, quizá merezca la pena hacer un repaso desapasionado de las propuestas que UPyD puso sobre la mesa sin tan siquiera merecer una respuesta del Presidente.
Habíamos decidido dividir nuestra intervención en dos partes: una corta en la que expondríamos someramente el estado de la nación desde el punto de vista económico y político y una segunda, más extensa (dentro de un orden, claro, teniendo en cuenta los siete minutos totales) en la que propondríamos las reformas urgentes para afrontar la crisis política y poder salir así de la crisis económica.
Nuestras diez propuestas se resumían así:
1. Reforma de la Constitución para definir con claridad la lista de competencias de cada entidad territorial, los instrumentos de cooperación, coordinación y solidaridad, así como las reglas de financiación coherentes con el reparto competencial establecido.
2. Reforma de la Ley Electoral General para garantizar la igualdad del voto de los ciudadanos y para superar el bipartidismo obligatorio e imperfecto inducido por una ley injusta. Un sistema democrático basado en la injusticia y en el privilegio de unos partidos sobre otros, de los territorios sobre los ciudadanos, es incapaz de tomar las decisiones justas para superar la crisis.
3. Separación efectiva de poderes y restauración de la autonomía del Poder Judicial acabando con la intromisión de los partidos políticos en la elección de sus órganos de gobierno, en el funcionamiento de la fiscalía y en la composición del Tribunal Constitucional. No olvidemos que la independencia de la Justicia es un factor clave para perseguir y acabar con la corrupción política.
4. Instauración de la igualdad efectiva de los ciudadanos con independencia del lugar donde residan mediante la restitución al Estado de las competencias necesarias para garantizar sistemas comunes de educación, sanidad y servicios sociales con las mismas prestaciones y calidad en todo el territorio nacional.
5. Superación de la provisionalidad y la indefinición de este modelo de Estado llamado autonómico mediante una reforma constitucional que configure un Estado central fuerte, con competencias exclusivas y unas CCAA con sus propias competencias y capacidad legislativa claramente definida. Un modelo de Estado solvente y justo, que acabe con los privilegios fiscales, y en el que prime la cooperación y el principio federal frente al particularismo y la disgregación.
6. Reforma del mercado laboral para acabar con la dualidad entre trabajadores protegidos por los derechos tradicionales y eventuales a la intemperie, imprescindible para luchar contra el paro juvenil, la fuga de cerebros a otros países, la injusticia laboral y las dificultades de las empresas para contratar trabajadores.
7. Derogación de las normas intervencionistas que han acabado con la unidad de mercado y la movilidad de profesionales, empresas y trabajadores, facilitando el crédito y el apoyo fiscal a los nuevos emprendedores, y propiciando el desarrollo de sectores emergentes como el mundo digital 2.0 mediante una nueva Ley de Propiedad Intelectual acorde con la realidad tecnológica y cultural.
8. Eliminación de todas las duplicidades administrativas responsables del déficit público y de la proliferación incontrolada de entes públicos y empresas innecesarias o ineficaces.
9. Iniciativas de transparencia y lucha contra la corrupción a todos los niveles, haciendo efectivo el derecho de acceso público a la información de todas las instituciones políticas, incluyendo los sindicatos y partidos políticos, e instaurando los mecanismos de control y evaluación que permitan mejorar la eficacia de las administraciones y servicios públicos y de las subvenciones y ayudas públicas.
10.La crisis ha demostrado la necesidad de que la Unión Europea sea mucho más que una inestable unión monetaria donde primen los egoísmos nacionales sobre el interés común. Es imprescindible profundizar el compromiso de España con la construcción de una Unión Europea que sea una verdadera unión política, capaz de intervenir con eficacia y equidad en una crisis que, como la actual, desborda con mucho la capacidad de respuesta de los Estados tradicionales.
Antes de detallarle estas diez reformas imprescindibles le había hecho saber que lo peor que ocurre en España no es la crisis económica sino la política. Que él se había empeñado en dividir a nuestro país desde el punto de vista ideológico y desde el punto de vista territorial, y que el Estado ya no tenía instrumentos para garantizar la igualdad real ante la ley del conjunto de los ciudadanos españoles.
Le había dicho también que él era el máximo responsable de que los testaferros de ETA hubieran vuelto a las instituciones; y le cité el último párrafo de la carta que le envió Rubén Múgica en la que le recordaba que no habría días en el calendario para perdonarle lo que había hecho. Me parece importante que estas cosas se digan allí donde reside la soberanía nacional. Tienen que ver con la democracia, con la separación de poderes, con la dignidad. Y algún día formarán parte de la memoria de nuestros hijos y nietos.
Ni replicó a las apelaciones sobre su responsabilidad política en este indudable retroceso democrático que obliga a los electos constitucionalistas a compartir escaños con los socios estratégicos (el Supremo lo declaró así) de quienes han asesinado a sus compañeros por considerarles un estorbo para conseguir los objetivos totalitarios de ETA, ni contestó a ninguna de mis propuestas de reforma. Sobre lo primero, silencio, culpable silencio. Sobre lo segundo, vaga referencia a que es un poco tarde (de la legislatura, se entiende) para hablar de esas propuestas…
En los tres minutos de réplica le expliqué que me llamaba la atención el hecho de que se queje cuando a su juicio no le hacemos propuestas (a mí me lo ha dicho varias veces, cuando no sabe como contestarme) y se queje también cuando se las hacemos. Todas las que el miércoles expusimos desde la Tribuna son imprescindibles para que España siga siendo un estado democrático y de derecho con capacidad para garantizar los derechos fundamentales de los ciudadanos en condiciones de igualdad. Todas son imprescindibles para recuperar la cohesión y poder emprender un camino de crecimiento económico con capacidad de generar empleo. Todas son imprescindibles para que las políticas sociales sean proactivas en vez de subsidiadotas del desempleo.
Los medios de comunicación se empeñan en hablar de quien ha ganado y/ø perdido el debate, como si fuera un enfrentamiento deportivo. Lo cierto es que lo hemos perdido todos los ciudadanos y el país en su conjunto. Hemos perdido una oportunidad para reflexionar y hacer un diagnostico común sobre los problemas de España y para poner en marcha las medidas necesarias para resolverlos. Hemos perdido el tiempo porque nadie lo quería ganar; el PSOE sólo aspira a no hundirse más antes de las elecciones y el PP aspira a lo contrario. Lo que le pase a España les importa un bledo.
Ese sería el resumen. Todo ha sido una obra de teatro mala, con un final previsible y unos actores mediocres. Y con un actor principal que ni siquiera sabe hacer mutis por el foro. Acabada la función, sigue el drama.
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