Tengo amigos que me recomiendan que no insista tanto de las consecuencias que tiene la entrada de los testaferros de ETA en las instituciones democráticas. Me dicen que, puesto que no tiene arreglo, no pierda el tiempo hablando de “esas cosas tan desagradables”, que en el fondo preocupan mucho menos que el paro o la crisis económica a la inmensa mayoría de españoles.
Advierto que voy a desoír el consejo y no voy a ser nada neutral en esta cuestión. Cierto es que todo lo que tiene que ver con la libertad y las libertades parece no preocupar demasiado a millones de españoles que cada día se enfrentan con la angustia perentoria de llenar la nevera, pagar la hipoteca y las letras que han suscrito para el coche, el viaje de estudios de sus hijos o las clases particulares de inglés, música o cualquier otra actividad complementaria. Pero no estamos en política para seguir la rueda; la obligación de los políticos es anticiparse, señalar el camino y las consecuencias de tomar determinadas decisiones; y en esta cuestión tenemos la obligación de denunciar que la presencia de los testaferros de ETA en las instituciones es incompatible con la democracia; y que si falla el estado democrático de derecho no habrá manera de solucionar ninguno de los problemas cotidianos.
Lo que ha ocurrido en estas elecciones municipales nos retrotrae al año 1987, sólo que ahora es mucho peor. No sólo porque repetir la historia es siempre algo decepcionante, cansado y tremendamente peligroso; también porque los testaferros de ETA llegan a las instituciones democráticas empujados por un discurso legitimatorio recurrente que se ha hecho de forma irresponsable y estúpida desde tribunas y portavoces “democráticos”.
Un discurso legitimatorio destinado a hacer creer a los ciudadanos que “la paz” dependía de que los testaferros de los terroristas entraran en las instituciones y fueran tratados como iguales por aquellos a los que han querido asesinar para tener el camino libre. Un discurso legitimatorio destinado a hacer olvidar a los ciudadanos que ETA es enemiga mortal de la democracia y que lleva toda la vida intentando conseguir, con el crimen, lo que ahora les han dado los magistrados, los periodistas y los políticos corruptos. Sí, corruptos, porque no hay mayor corrupción democrática que abrir la entrada a las instituciones democráticas a los enemigos mortales de la democracia, a quienes se sabe forman parte de la estrategia de la organización terrorista ETA.
Los testaferros de ETA han llegado bravucones y amenazantes apoyados por más de trescientos mil ciudadanos que han “comprado” alegremente la buena nueva de que con esto llegaría la paz. Los corruptos no son quienes han votado la nueva marca de ETA; esos son los corrompidos. Los corruptores tienen nombre y apellidos: el primero de ellos, como muy bien señaló Rubén Múgica en su carta al Presidente, se llama José Luis Rodríguez Zapatero. Él inició este camino durante su primera legislatura y lo ha culminado ahora, cuando él mismo y ETA estaban agonizantes. Se han juntado dos moribundos para que uno de ellos pueda vivir; y lo han conseguido.
Pero José Luís Rodríguez Zapatero ha tenido como cómplices imprescindibles a todos los barones del partido socialista. Todo el PSOE calló cuando empezó a perpetrarse la traición, nada más llegar al Gobierno de la Nación. Quienes desde dentro levantamos la voz y dimos argumentos para que no se rompiera el pacto antiterrorista, para que no se legitimara la historia de ETA, tuvimos que marcharnos ante el silencio y/o el desprecio de quienes desde sus atalayas de poder institucional le aplaudían las gracias al presidente fallido. Todos le jalearon (tiene baraka, decían), todos le dejaron hacer; entre todos construyeron el discurso de que quienes no estábamos de acuerdo con Zapatero (incluidas las víctimas) éramos los auténticos enemigos de la paz. Así hemos llegado a esto.
Zapatero tuvo también poderosos cómplices mediáticos, todos esos que en el fondo siempre creyeron que ETA “tiene sus razones”. Todos esos que, fracasado el intento la pasada legislatura, han aplaudido el aparente cambio de rumbo del Gobierno en esta, mientras mantenían viva la llama del discurso legitimatorio hacia ese mundo de tinieblas que han conseguido colar en las instituciones. Y claro, en un país como España en el que no hay separación de poderes, los magistrados del Constitucional han aprovechado la actual mayoría socialista para dar el último empujón y entregarle a ETA el poder que los terroristas llevan persiguiendo decenas de años utilizando balas y explosivos. Ahora ya pueden imponer su modelo totalitario desde el poder político.
Y aquí estamos, como en el 87 pero peor. Los terroristas y sus cómplices coyunturales, los que están de acuerdo y los malditos neutrales, han ganado esta batalla. Ha quedado demostrado que les ha sido muy útil asesinar a 858 ciudadanos, dejar viudas, madres, hijos huérfanos en toda España. Mataron para esto, para imponer su modelo de sociedad, para “normalizarnos” a todos. Nos persiguieron para esto, para que llegara un día en que pudieran gritarnos chulesca e impunemente, desde un pueblo remoto hasta en el centro de Bilbao:”Gora Euskadi ta askatasuna”, y reírse a continuación a carcajadas; mataron para esto, para que los testaferros de ETA se confundieran en el paisaje con los demócratas, para que los asesinos merecieran el mismo trato que las víctimas. Mataron para esto, para que llegara un día en que pudieran conseguir sus objetivos sin tener que arriesgarse a ir a la cárcel.
Ya están pisando alfombra roja. Ya se pavonean ante las víctimas. Ya han quitado los símbolos del orden constitucional de todas las instituciones; ya están logrando que el Estado abandone a los vascos que quisieran seguir resistiendo.
Me dicen que no hable ni escriba de esto. Que por la paz un avemaría. Pues va a ser que no. No dejaré de denunciar que la paz sin libertad no vale nada. Y que entre los daños colaterales de esta porquería que nos han vendido como paz está la democracia. Y que no me da la gana ser neutral, que no lo voy a ser mientras viva. Y que no olvidaré nunca quienes son los culpables y quienes los responsables de que estemos en esta situación. Y que yo tampoco les voy a perdonar.
Vivimos tiempos oscuros o confusos. Estábamos preparados para luchar contra los malos; pero nunca creímos que tendríamos que luchar –además de contra “los que se dicen buenos”–, contra aquellos que considerábamos “de los nuestros”. Pero lo haremos porque nos va la vida en ello; y no es retórica, es pura constatación de la realidad. Porque no nos basta con que no nos maten: tenemos derecho a que nos dejen vivir en libertad. Hasta que pongamos a cada cual en su sitio, hasta que derrotemos a los malos, a los tibios, a los estúpidos, a los egoístas, a los neutrales, seremos radicalmente parciales.
Ayer se consumó el drama y miles de candidatos de un partido político –que el máximo tribunal de Justicia español, el Tribunal Supremo, ha sentenciado que es un instrumento de la estrategia de una organización terrorista que sigue viva–, han tomado posesión de sus actas de concejal y muchos de ellos han sido elegidos alcaldes.
Lo primero que han hecho ha sido derrocar el orden constitucional. Que nadie se engañe: ese es el mensaje que explícitamente nos envían al ordenar que se quite la bandera de España de todos los consistorios del País Vasco o Navarra en los que ellos mandan. La bandera no es un trozo de tela ni es algo que requiera respeto institucional por mero formulismo legal. La bandera es uno de los símbolos del orden constitucional; cuando desaparece de una institución significa que en el territorio sobre el que esa institución tiene jurisdicción no se respetará la Constitución ni serán de aplicación los derechos que esta proclama para todos los ciudadanos españoles.
En mi casa la única bandera que ha habido desde que mis hijos eran adolescentes es la pirata. A mí nunca se me ocurrió comprar una de España, ni me producía ninguna emoción especial verla ondear en ningún mástil fuera del País Vasco. Pero quienes matan en nombre de una patria que excluye a quienes creemos en las sociedades libres y plurales quitan o queman esa bandera; por eso hace tiempo que quiero tenerla cerca. Ellos quitan la bandera para que quede claro que allí donde ellos están no se respetan nuestros derechos constitucionales; nosotros debemos exigir que la pongan precisamente por lo mismo: para que sean ellos, quienes no los respetan, los que sean excluidos de la sociedad. Por eso quiero verla ondear en todas las instituciones del País Vasco y de Navarra.
Exigir que pongan la bandera de España no es una cuestión formal; pero con la ley en la mano hemos de evitar que los corifeos de ETA consumen su táctica de amedrentamiento. El artículo 3º.1 de la Ley 9/1981, que regula el uso de la bandera nacional, establece que la Bandera de España deberá ondear en el exterior y ocupar el lugar preferente en el interior de todos los edificios y establecimientos de la Administración central, institucional, autonómica, provincial o insular y municipal del Estado.
Como afirma la sentencia de la Sala de lo Contencioso de TS de 3 de febrero 2010: la expresión “deberá ondear” que utiliza el legislador, formulada en imperativo categórico viene a poner de relieve la exigencia legal de que la Bandera de España ondee todos los días y en los lugares que expresa, como símbolo de que los edificios o establecimientos de las Administraciones Públicas del Estado son lugares en donde se ejerce directa, o delegadamente, la soberanía y en ellos se desarrolla la función pública en toda su amplitud e integridad, sea del orden que fuere, de acuerdo con los valores, principios, derechos y deberes constitucionales que la propia bandera representa, junto con la unidad, independencia y soberanía e integridad del Estado Español.
El Gobierno de la Nación debe ordenar de manera inmediata al Abogado del Estado para que inste a que se cumpla esa sentencia en todas y cada una de las instituciones. No es una cuestión formal: es una cuestión de legítima defensa. En defensa de nuestros derechos constitucionales, en defensa de la pluralidad, en defensa de nuestra libertad como ciudadanos. Créanme que no es un tema menor, ni de formas. La democracia tiene leyes que establecen los límites; y los ciudadanos y los poderes públicos tienen la obligación de cumplirlas. Cuando son los representantes políticos e institucionales quienes vulneran la ley no se puede decir que vivimos en democracia.
Aquí no vale mirar para otro lado; aquí no vale disimular, no vale que nadie diga que no vemos ni olemos el humo nauseabundo; que nadie diga que no nota que faltan vecinos en su escalera o cierran las tiendas de su barrio. A las instituciones democráticas del País Vasco y Navarra, como consecuencia de años de terror, amenazas y muerte, han llegado personas empeñadas en derrocar el orden constitucional desde dentro. Y están dispuestos a gobernar de forma totalitaria, negándonos a una parte de la sociedad el ejercicio de las libertades fundamentales.
El Estado no puede desaparecer del País Vasco. Necesitamos que defienda la democracia, el orden constitucional y sus símbolos. Por eso exijo al Gobierno de la Nación que responda de forma inmediata y contundente a esta vulneración de nuestros derechos perpetrada por los cargos públicos de Bildu; si no lo hace será cómplice y responsable de lo que ocurra.
Cuando un naufrago se emociona al ver una gaviota no es por el pájaro; es porque sabe que hay tierra cerca. Pues eso mismo me pasa a mí con la bandera de España en el País Vasco: que se que donde ondea impera la ley que proclama nuestros derechos constitucionales. Por eso quiero verla; por eso exijo al Gobierno que no abdique de su obligación de defendernos.
Rosa Díez González.
Diputada nacional y Portavoz de Unión Progreso y Democracia.
Mañana se constituyen más de ocho mil ayuntamientos en toda España. En noventa y seis de ellos tomarán posesión ciento cincuenta y dos concejales electos bajo las siglas de Unión Progreso y Democracia.
Me gustaría haber hablado ya a estas horas con todos y cada uno de ellos; me gustaría estar mañana en todas esas corporaciones locales en las que entran hombres y mujeres que han llegado a la política movidos por un impulso de regeneración democrática e impulsados a dar un paso al frente ante la mediocridad, el oscurantismo y el desapego que representan los viejos partidos políticos. Pero como eso no puede ser os escribo estas líneas unas horas antes de salir de viaje hacia Hernansancho, donde acompañaré a la primera alcaldesa electa de UPyD, María Ángeles Bartolomé González.
Una vez más os doy las gracias a todos por vuestra generosidad y entrega. También por la alegría con la que habéis llevado esta campaña tan dura, sin apenas medios materiales y económicos, quitando tiempo al sueño, a la familia, a los amigos, a vuestras vida privada para ofrecérselo a vuestros conciudadanos. Me siento feliz por formar parte de esta familia “magenta”, esta marea viva que lleva a la práctica esa vieja sentencia que afirma que hasta una pequeña piedra puede hacer variar el rumbo de una avalancha. Me siento feliz de que hayamos entrado fuertes, con el mismo discurso, con los mismos compromisos, con el mismo tesón, en todas estas instituciones que se sumarán mañana a la Asamblea de Madrid que ya se tiñó de magenta.
Pero he de reconoceros que también siento una enorme responsabilidad. Porque se lo mucho que los ciudadanos esperan y necesitan de nosotros. Nos han dado una oportunidad y debemos responder con creces a la confianza que nos han prestado. Para muchos ciudadanos –me lo han dicho tantas veces en la calle…!!– somos la última esperanza. Por eso no podemos defraudarles.
Confío en vuestro sentido de la responsabilidad. La tarea es difícil, pero se que no nos cansaremos, que nunca abdicaremos de nuestros principios, que nunca olvidaremos que estamos en las instituciones para servir a los ciudadanos. Que nacimos para hacer política de otra manera, para devolver a los ciudadanos el control sobre los políticos y sobre las instituciones, para regenerar la democracia. A todos os pido que recordéis cada día, antes de salir de casa, que ostentáis la enorme responsabilidad de representar a vuestros conciudadanos. A todos os pido que seáis, a partir de mañana mismo, los concejales de todos. Llegareis como electos de UPyD; saldréis del Pleno como concejales de vuestro municipio. Y todos los ciudadanos, los que votaron UPyD y los que no lo hicieron, serán de los vuestros.
También quiero recordar desde estas líneas a todos los candidatos de UPyD que no obtuvieron el porcentaje o el número suficiente de votos el pasado día 22 de mayo. Para vosotros todo mi reconocimiento por vuestro trabajo y también por compartir la alegría del triunfo que vosotros habéis contribuido a hacer posible. Gracias por haber conseguido que la marea magenta crezca y se derrame por toda España. Gracias por haber preparado el camino para el futuro, gracias por seguir ahí.
Y finalmente, gracias a los casi quinientos mil ciudadanos que nos prestaron su confianza para que les representemos en las instituciones. Haremos la tarea y cumpliremos con el compromiso y la palabra dada.
Mañana, desde Hernansancho, me sentiré acompañada por todos vosotros, concejales electos de UPyD. Os mando un beso y un abrazo muy fuerte a todos.
He leído las “solemnidades” vertidas por Rajoy en su comparecencia tras la reunión de su ejecutiva para analizar los resultados y ofrecer a los ciudadanos sus compromisos. La verdad es que tras “el brindis de los pepinos” poca cosa seria se podía esperar de él.
Así que, para no defraudar las nulas expectativas de propios y ajenos, D. Mariano Rajoy se dedicó a enumerar las medidas que iban a poner en marcha tras “haber ganado las elecciones municipales y autonómicas”. Ante sus correligionarios y los medios de comunicación desgranó hasta diez medidas de austeridad en el gasto y de control del conjunto de las administraciones públicas: medidas contra el despilfarro, contra las duplicidades, por la limitación del endeudamiento en comunidades autónomas, por la racionalidad en el uso de los coches oficiales…O sea, un recetario de medidas imprescindibles y urgentes…que podían haber tomado hace años en todas las CCAA y ayuntamientos en los que ya venían gobernando.
No se que es lo que me parece peor de esta aparición, si que me confirme la idea de que no tienen remedio o el hecho de que quieran tomar a los ciudadanos por tontos. Claro que no le voy a decir eso en público a Rajoy, porque seguro que me contesta como lo hizo Zapatero cuando le hice esa pregunta retórica en una sesión del Congreso de los Diputados: “Cómo voy a creer que los ciudadanos son tontos, si me han votado…”
En el fondo, y para nuestra desgracia, el PP se parece cada vez más al PSOE en la falta de respeto que muestra para con los ciudadanos. Porque hacer esas proclamas, habiendo gobernado desde hace siglos en Murcia, en Valencia y en el Ayuntamiento de Madrid (por citar sólo tres ejemplos) es una burla para con la gente. ¿Acaso no podían haber tomado medidas antes? ¿A qué estaban esperando para reducir el número de Consejerías, suprimir fundaciones o sociedades públicas de nulo interés político y social, fijar un techo de gasto y de endeudamiento en los ayuntamientos y en las CCAA en que gobernaban, ser austeros y transparentes en las adjudicaciones públicas, en los sueldos, en los pliegos de licitación, en las condiciones de acceso a la función pública, ser restrictivos en el número de cargos de libre designación…?
¿Cómo puede hablar de gobernar de otra manera teniendo sus listas electorales plagadas –como el PSOE (y en menor medida IU)- de procesados por delitos contra la administración pública? ¿Cómo quieren que les creamos –por mucho que nos gustaría hacerlo—si cada vez que hemos llevado a las Cortes propuestas en pro de la transparencia y la austeridad y medidas para el control económico y financiero de las CCAA no las han apoyado o directamente han votado en contra?
Como me decía ayer mismo Álvaro Anchuelo tras leer, con el mismo asombro que yo, las proclamas del llamado líder de la llamada oposición, podríamos decirle:”¡Bien venido al Club!”. Pero si hiciéramos eso contribuiríamos a falsificar la realidad. Porque ni este hombre ni su partido están de verdad por la labor. Repiten como loros las ideas fuerza de Unión Progreso y Democracia- desde la unidad de mercado hasta el fin de las duplicidades- copiando incluso la terminología. Pero no son creíbles porque han tenido ya oportunidad de hacer esas cosas de las que hoy predican y han hecho justo lo contrario.
El Partido Popular es tan responsable como el Partido Socialista de este tinglado que se ha montado en España, tanto en las Comunidades en las que gobierna el uno como en las que gobierna el otro. Qué decir de las cesiones a los nacionalistas; aún no han ganado las elecciones generales y ya están los del PP (no solo autonómico, también nacional) enseñando la patita a los de CIU apoyando –en sendas votaciones en el Senado y en el Congreso– el anticipo de 1400 millones de euros que pide Artur Mas para ir allanando el camino de futuros pactos. Como todos sabemos, el PP no ha ganado ahora las elecciones, ya gobernaba en muchas comunidades autónomas y en muchos ayuntamientos, ¿por qué han esperado tanto? ¿Qué día se cayeron del caballo?
En fin, que esto también lo podemos ver desde la perspectiva de que vamos ganando batallas políticas, que nuestro mensaje, nuestras propuestas y nuestro compromiso con los ciudadanos son tan potentes que tienen que incorporarlo al menos en el discurso. Eso es indudable; pero no puedo por menos de señalar que la actitud de este Rajoy prometiendo cosas que no ha cumplido teniendo los medios y la responsabilidad me deja un regusto amargo. Es como si quisiera parecerse a lo peor de Zapatero: no asumir nunca su responsabilidad y esperar que los ciudadanos no se percaten de ello. En suma, faltarnos el respeto a todos. Lo peor que puede hacer un político y más aún un gobernante. O un aspirante, por supuesto. Mal empezamos.
Reconozco que me estoy divirtiendo mientras contemplo el desconcierto generado por la irrupción de Unión Progreso y Democracia en las instituciones locales de once comunidades autónomas y en la Asamblea de Madrid. Los dirigentes del PSOE y del PP (y en menor medida de IU, aunque en el caso de este último partido bastante tienen con analizar cómo es posible que el batacazo del PSOE les hayan reportado solamente un 0,8% de votos desde las últimas municipales) están que no salen de su asombro.
Lo primero que les sorprende es el hecho mismo de que nos hayamos colado entre la maraña de trampas que habían construido para evitar que nada que no fuera el bipartidismo obligatorio (y/o sus adherencias) pudiera llegar a los ciudadanos y recabar su confianza. No contentos con una ley electoral que aleja de las urnas a quienes tienen decidido no votar ni al PSOE ni al PP (por esa mentecatez que ha traspasado las barreras de la comunicación y que se da en llamar el voto útil), ambos partidos junto con sus corifeos mediáticos y económicos habían construido un sólido muro para impedir que nuestra imagen y nuestra voz fuera visible para el conjunto de los ciudadanos. Además de que los medios de comunicación en general apenas si prestaban atención a nada de lo que hacíamos (lo más obsceno de todo fue un debate entre Mario Vargas Llosa y yo misma del que únicamente dio cuenta TVE (treinta segundos) y algún medio digital o local), las encuestas se publicaban convenientemente corregidas para instaurar la sensación de que votar UPyD era tanto como tirar el voto a la papelera, La sentencia en todas ellas era definitiva: no entrábamos en ninguna institución.
Pues bien, a pesar del cuidado con el que eliminaban cualquier referencia a nuestros candidatos y a nuestro partido, en la noche electoral la voluntad de los ciudadanos se impuso a los deseos y a la estrategia del establishment político, económico y mediático: Unión Progreso y Democracia obtuvo ciento cincuenta y dos concejales, ocho diputados regionales en Madrid, dos diputados provinciales. Presencia institucional en once comunidades autónomas, en más de noventa ayuntamientos, en seis capitales de provincia. Muy cerca de entrar (a centésimas) en otras seis capitales y en otros tres parlamentos autonómicos. La ley y la anticampaña jugó contra nosotros y aunque nos sobraron votos nos faltó porcentaje para entrar en los parlamentos de Aragón, Asturias y Murcia. Igualmente en Logroño, Salamanca, Segovia, Ciudad Real, Cáceres y Valladolid. Un dato más: si el límite de la ley municipal fuera el tres por ciento o dependiera exclusivamente de los votos emitidos hoy tendríamos concejales en veinticinco capitales de provincia. Entiendo que todo esto les abrume; nunca fue más exacta la imagen de un persistente y concienzudo David que vence a un enfurecido Goliat.
Lo segundo que les desconcierta (ahora es cuando más nos estamos divirtiendo) es que después de las elecciones sigamos diciendo (y haciendo) lo mismo que antes. No pueden entender que tras saber que somos claves para determinar quien es el alcalde o la alcaldesa en veintiséis pueblos o ciudades españolas mantengamos nuestros principios: sólo habrá pactos nacionales que garanticen el voto a cualquiera de los candidatos de ambos partidos (lo mismo nos da el uno que el otro) si se comprometen a cambiar la ley electoral y a que el estado recupere la competencia en educación; y que en todo caso no entraremos a formar parte de ningún equipo de gobierno. A eso hemos añadido, en coherencia con nuestro compromiso de regeneración democrática, que en ningún caso posibilitaremos el acceso a una alcaldía de un candidato que esté imputado o procesado por delitos contra la administración pública.
Desde el domingo pasado no ha habido un día en el que los medios –esos para los que no existíamos– no hayan publicado “filtraciones”, cotilleos, interpretaciones, acusaciones varias… sobre lo que íbamos a hacer acá o acullá. Es inútil que digamos que este es nuestro compromiso adquirido con los ciudadanos y a él nos atendremos. Es igual que expliquemos que, en la medida en la que no lleguemos a acuerdos nacionales, nuestros candidatos respetarán escrupulosamente el sentido del voto de los ciudadanos en cada uno de los lugares de España en los que nuestra posición sea determinante. Y que en tanto no consigamos que se modifique la ley electoral para que los alcaldes sean elegidos directamente evitaremos que pactos de despacho perviertan la voluntad de los ciudadanos plasmada con su voto en las urnas.
Nuestras explicaciones resultan inútiles porque los que llevan año atesorando poder político no están acostumbrados a la coherencia y al respeto a la palabra dada. Por eso no se lo van a creer hasta que el día once de junio lo comprueben en sus propias carnes. No nos creen cuando contestamos las mismas cosas a decenas de llamadas de amigos de amigos, vecinos, “compañeros de clase”, dirigentes locales, regionales, nacionales… que nos insisten cada día para interesarse por el futuro de tal o cual alcaldable. Nos miran como las vacas al tren cuando formulamos sencilla y claramente las premisas que fuimos desgranando a lo largo de los últimos meses; no acaban de comprender que no hay gato encerrado, que no hay más que hablar. Que vamos a demostrar que se puede hacer otra política y que se puede hacer política de otra manera.
Ayer, tras colgar el video la rueda de prensa en la que volvimos a explicar todas estas cosas un ciudadano desconocido escribió en mi página de Facebook este breve comentario: “Nunca mi voto valió tanto”. No saben lo orgullosos nos sentimos de eso. Dentro de nada millones de ciudadanos habrán podido comprobar que cuando se trata de nosotros hay que pensar bien si se quiere acertar. Será bueno para UPyD; pero sobre todo será muy bueno para regenerar la democracia.
Queridos amigos:
Quiero agradeceros vuestro enorme trabajo y gran generosidad. Al margen del resultado electoral concreto en cada una de las circunscripciones en las que hemos concurrido, vuestra tarea ha hecho posible que las ideas de Unión Progreso y Democracia traspasen los muros de silencio establecidos por el establisment político y mediático.
Todo el partido es consciente de que ha sido la tarea de todos vosotros la que ha conseguido que hayan sido elegidos concejales ciento cincuenta y dos compañeros, a los que hay que sumar ocho diputados regionales en la Asamblea de Madrid y dos diputados provinciales, en Ávila y Burgos. Vuestra tarea, sin medios pero con una altísima entrega personal, ha conseguido los mejores resultados colectivos. Habéis demostrado un enorme sentido de estado al poner por delante el interés general y empujar con fuerza las ideas que representa nuestro partido.
Habéis sido un ejemplo como candidatos y como compañeros. Os agradezco que hayáis hecho posible que la voz de la causa justa y el compromiso por la regeneración democrática se extienda por toda España. Habéis hecho un gran trabajo y me siento muy emocionada y orgullosa de teneros como amigos.
Un abrazo.
Rosa Diez.
“En algunas ocasiones, la politice no es universalidad sino legítima defensa” Cesare Pavese.
Antes de que llegue el momento de elegir en las urnas a nuestros representantes en las instituciones quiero llamar a todos los ciudadanos a involucrarse políticamente, a elegir con tino y con espíritu crítico.
No me cansaré de recordar que la democracia no es votar sino elegir. No les pido que participen en la jornada electoral; les pido que se involucren, que se impliquen. No les pido que se indignen; les pido que actúen, que asuman su responsabilidad, que se comporten como ciudadanos
Les pido que lo hagan en legítima defensa; que lo hagan en defensa de los valore comunes, en defensa del estado.
Les pido que lo hagan para seguir levantando la bandera de la tercera España, la de los valore constitucionales de la igualdad y la libertad, desde todas las instituciones, desde el último rincón de Andalucía hasta el último pueblo de Euskadi.
Les pido que lo hagan para defender la separación de poderes, para que los partidos políticos dejen de meter la mano en la Justicia, para que el Tribunal Constitucional y el Consejo General del Poder Judicial dejen de estar conformados por cuotas de los partidos políticos. Para que ni el Partido Socialista ni el Partido Popular controlen la Fiscalía General del Estado. Para que haya una justicia eficaz, independiente y justa.
Les pido que lo hagan para garantizar la igualdad política, para que su voto valga lo mismo que el de cualquiera de sus conciudadanos, al margen de su opción electoral o de la parte de España en la que vivan.
Les pido que lo hagan para que la calidad de nuestro sistema educativo deje de estar a la cola de los países desarrollados, para que nuestros jóvenes tengan una oportunidad, para que la educación vuelva a ser un instrumento cohesionador e igualitario para todos los ciudadanos españoles. Les pido que lo hagan para que la Educación vuelva a ser competencia del Estado.
Les pido que lo hagan para defender el orden constitucional y sus símbolos. Para que a nadie le de vergüenza ser ciudadano, ciudadano español. Les pido que lo hagan para defender la incipiente comunicada política española, para defender lo que nos une.
Les pido que se involucren para ganar la batalla contra la impunidad, para que los partidos que llevan imputados en sus listas sean castigados por los ciudadanos de la única manera que estos pueden hacerlo: mandándolos a su casa.
Les pido que se comprometan para defender estos valores frente a lo que hace el PSOE y lo que no hace el PP.
Les pido que se involucren para que nunca más tengamos que compartir espacio político con los enemigos de la democracia.
Les pido que abran los ojos, que participen, que no se resignen. Les pido que sean ciudadanos, que ejerzan su derecho a elegir su futuro. Les pido que lo hagan por sus hijos y en memoria de sus padres.
Esta es una de esas veces que la politice es legítima defensa.
Un país en el que casi cuatro de cada diez jóvenes abandono prematuramente los estudios, está tocando fondo.
Un país en el que en un trimestre se pierden 256.500 empleos y sus gobernantes reaccionan relajadamente porque aún no se ha llegado a los cinco millones de parados, está tocando fondo.
Un país en el que la subida del paro no viene determinada por la subida de la actividad sino por la destrucción de empleo, está tocando fondo.
Un país en el que la destrucción de empleo se ha cebado en los asalariados con contrato indefinido (72%) después de poner en marcha una reforma del mercado de trabajo que supuestamente iba a terminar con esa situación, está tocando fondo.
Un país en el que el paro juvenil alcanza el 45%, siendo su tasa de actividad menor, está tocando fondo.
Un país en el que la mayor parte del empleo que se destruye afecta a los menores de treinta y cinco años, está tocando fondo.
Un país en el que hay un millón cuatrocientos mil hogares en el que todos sus miembros están en paro (casi el 10% del total) y cuatro millones trescientos mil hogares en los que no hay ni un solo miembro activo, es una país que está tocando fondo.
Pero todo esto, con ser dramático, no es la característica más determinante para constatar la gravedad de nuestra situación. Lo peor es que nuestra democracia es tan débil que sólo sus enemigos tienen una estrategia que perpetran hasta el final. Eso es estar tocando fondo.
Un país en el que los jueces del Constitucional son nombrados por cooptación por los partidos políticos es un país que está tocando fondo.
Un país en el que la organización terrorista ETA, que ha asesinado a ochocientos cincuenta y ocho de nuestros conciudadanos, diseña una estrategia para entrar en las instituciones democráticas y – a sabiendas- es avalada por los magistrados del Constitucional, es un país que está tocando fondo.
Un país en el que sus gobernantes, nacionales y autonómicos, de la parte de España en la que viven los asesinos, avalan a los criminales para que contaminen las listas electorales y el propio proceso democrático, es un país que está tocando fondo.
Un país en el que nadie se escandaliza por estas cosas, en el que se pasa página inmediatamente, en el que estos comportamientos indignos se enmascaran como actos jurídicos, en el que la campaña sigue como si no hubiera ocurrido nada, en el que los que van a las elecciones siguiendo las pautas de ETA ocupan más espacio en los medios de comunicación que los partidos democráticos, es un país que está tocando fondo.
Un país en el, como dijo Gabriel Celaya, “apenas si nos dejan decir que somos quienes somos”, está tocando fondo.
Si nosotros, los españoles, esos ciudadanos que no ejercemos como tales y dejamos que la impunidad cubra la miseria de nuestros gobernantes, de nuestros jueces, de nuestros voceros, de nuestros políticos. Nosotros, si consentimos que las víctimas de ETA lloren otra vez sintiéndose solas y traicionadas, seremos responsables de que este país esté tocando fondo. El de la miseria, la indignidad y la ausencia de principios y valores democráticos. “Está tocando fondo”
Guardo entre mis libros de cabecera “la Resistencia”, de Ernesto Sabato. Ayer noche, cuando supe de su fallecimiento, lo saqué de la estantería en la que está acompañado por algunos de Primo Levi, Sebastian Haffner, Weber, Savater, Nèmirovsky, Sampedro o Sándor Márai.
El ejemplar que yo tengo es una quinta edición, de año 2002, reeditado por Seix Barral. Tiene un color un poco amarillento en los bordes, se ve que no las diferentes librerías por las que ha pasado hasta acomodarse en esta que creo será definitiva no reunían las mejores condiciones de luz y humedad… En su primera página escribí “Febrero 2002”. Y debió ser entonces cuando lo subrayé, porque de siempre me recuerdo volviendo a él y encontrando párrafos que me llamaron la atención en su día y que hoy mismo seleccionaría otra vez.
Es un libro pequeño, apenas ciento veinticuatro páginas que reúnen todas las claves para vivir como seres humanos. Son cinco cartas y un epílogo que es, en cierto modo, la carta de despedida de Ernesto Sabato. Las cartas llevan por título: “Lo pequeño y lo grande”, “Los antiguos valores”, “Entre el bien y el mal”, “Los valores de la comunidad”, y “La resistencia”. El epílogo, “La decisión y la muerte”.
Quiero recomendar a quienes no lo han leído que salgan a buscarlo mañana mismo; a quienes lo tenéis por ahí, oculto entre otros libros, sacadlo y volved a leerlo.
De su quinta carta, dos de sus últimos párrafos:
“Yo he pasado riesgos de muerte durante años. ¿Sin miedo? No, he tenido miedo hasta la temeridad, pero no he podido retroceder. Si no hubiera sido por mis compañeros, por la pobre gente con la que ya me había comprometido, seguramente hubiera abandonado. Uno no se atreve cuando está solo y aislado, pero si puede hacerlo si se ha hundido tanto en la realidad de los otros que no puede volverse atrás”.
“La historia es el más grande conjunto de aberraciones, guerras, persecuciones, torturas e injusticias, pero, a la vez, o por lo mismo, millones de hombres y mujeres se sacrifican para cuidar a los más desventurados. Ellos encarnan la resistencia”.
“Los hombres encuentran en las mismas crisis la fuerza para su superación… con el único recurso de la tenacidad y el valor…En esta tarea, lo primordial es negarse a asfixiar cuanto de vida podamos alumbrar…<no permitir que se nos desperdicie la gracia de los pequeños momentos de libertad que podemos gozar: una mesa compartida con gente que queremos, unas criaturas a las que damos amparo, una caminata entre los árboles, la gratitud de un abrazo. Un acto de arrojo como saltar de una casa en llamas. Éstos no son hechos racionales, pero no es importante que lo sea, nos salvamos por los afectos”.
Y de su epílogo, algunos párrafos para recordar a un hombre que nunca renunció a serlo:
“Creo que lo esencial de la vida es la fidelidad a lo que uno cree su destino…”
“Unidos en la entrega a los demás y en el deseo absoluto de un mundo más humano, resistamos”.
“..hace años, cuando confundía resignarse con aceptar. Resignarse es una cobardía, es el sentimiento que justifica el abandono de aquello por lo que vale la pena luchar, es, de alguna manera, una indignidad, La aceptación es el respeto por la voluntad del otro, sea éste un ser humano o el destino mismo. No nace del miedo como la resignación, sino que es más bien un fruto”.
“No sé si alguien antes que Berdiaev, predijo que volveríamos a una nueva Edad Media. Ciertos elementos parecen estar presentes… como el estado de putrefacción del poder en Roma, donde el cuidado que se había puesto en la elección de los sucesores del César decayó hasta la irresponsabilidad, que es un grave síntoma;…”
“No podemos olvidar que en estos viejos tiempos, ya gastados en sus valores, hay quienes en nada creen, pero también hay multitudes de se5res humanos que trabajan y siguen a la espera, como centinelas”.
Y el final:
“He olvidado grandes trechos de mi vida y, en cambio, palpitan todavía en mi mano los encuentros, los momentos de peligro y el nombre de quienes me han rescatado de las depresiones y amarguras. También el de ustedes que creen en mí, que han leído mis libros y que me ayudarán a morir”.
Descanse en paz este hombre que puso en palabras lo que muchos no sabremos nunca expresar. Un hombre que defendió la verdad frente a la versión, la humanidad y el individuo frente a la secta y el relativismo. Un hombre que utilizó la palabra para llamarnos al compromiso, para desenmascarar la cobardía, la corrupción y la impunidad. Un hombre que reivindicó el valor de la palabra hoy que, “todas las interpretaciones son válidas y las palabras sirven más para descargarnos de nuestros actos que para responder por ellos”.
Me considero una privilegiada. Trabajo en lo que me gusta; defiendo con toda libertad las cosas en las que creo y tengo la oportunidad de hacerlo en toda España; estoy rodeada de un montón de personas a las que quiero y por las que me siento querida, compañeros de viaje con los que comparto risas y preocupaciones de forma cotidiana.
Claro que esta tarea política a la que me dedico produce sinsabores; claro que te llevas disgustos grandes por cosas nimias, por malos entendidos, por malas intenciones o por errores humanos que tienen consecuencias inesperadas. Claro que la exposición pública permanente es delicada; claro que a veces sientes incomprensión y/o impotencia ante acontecimientos que te parecen (y son) injustos para con la tarea generosa y altruista de toda esa gente que hace posible mi trabajo. Claro que te indigna que el trabajo bien hecho tenga una repercusión mediática tan escasa cuando ves a los medios de comunicación gastando tiempo y espacio en verdaderas tonterías que nada tienen que ver con los intereses de los ciudadanos o con las propuestas necesarias para resolver sus problemas.
Pero dicho todo eso, las satisfacciones derivadas de esta tarea son mucho mayores que los disgustos que a veces la acompañan. Veréis, yo tengo la suerte de recorrer toda España en nombre de Unión Progreso y Democracia. Veo y escucho a los ciudadanos que se acercan a nuestros actos políticos en Salamanca, en Oviedo, en Palma de Mallorca, en Campo de Criptana, en Valladolid, en Burgos, en Málaga, en Móstoles, en Cádiz, en Barcelona, en Santiago de Compostela, en Santander, en Valencia, en Cartagena, en Alcobendas, en Avilés, en Badajoz, en Torrejón de Ardoz, en Vistalegre … Veo cómo reaccionan los ciudadanos que se acercan a hablar y escucharnos y puedo deciros que sigue viva la comunidad política española que algunos pretenden liquidar poniendo el énfasis en lo que nos diferencia.
Todas las personas con las que hablo me transmiten las mismas preocupaciones, las mismas ilusiones, las mismas reivindicaciones y las mismas esperanzas para su futuro y el de sus hijos. Todos ellos (lo mismo da que estén en Galicia que en Cantabria o en Extremadura), sienten la necesidad de que España vuelva a ser un país con un interés, unos valores y unos derechos comunes. Todos aplauden o asienten cuando planteamos la necesidad de que la Educación vuelva a ser competencia del Estado para garantizar así la calidad del sistema y la igualdad de todos los españoles. Todos comparten con nosotros la urgencia de despolitizar la Justicia, las Cajas de Ahorro, los Organismos de Control de las Telecomunicaciones, el Mercado de Valores, la Competencia o la Energía. Todos afirman que es una injusticia que la ley electoral no trate con equidad a los ciudadanos españoles y devalúe su voto en interés de un bipartidismo feroz y antidemocrático. Todos exigen que la Sanidad trate de forma equitativa a todos los españoles, cumpliendo el mandato de universalización y garantizando el cumplimiento de los derechos que se proclaman.
En toda España los ciudadanos se siguen emocionando cuando defendemos sin complejos los valores comunes de la democracia; en toda España los ciudadanos reaccionan con interés ante la llamada a la participación política, a la recuperación de la autoestima, al valor regenerador y transformador del voto libre y crítico. Los jóvenes – lo mismo da en Cádiz que en Valencia– se sienten apelados cuando les pides que tomen las riendas, que no nos dejen solos; las personas más mayores reaccionan esperanzadas cuando escuchan palabras “que yo ya tenía en la cabeza”, como me suelen decir. Veo la emoción en la gente que está sentada escuchando hablar de igualdad, de libertad, de progreso, de justicia, de patriotismo constitucional… En cualquier lugar de España, cuando puedo hablar un poco con las personas que han acudido al mitin, me dicen las mismas cosas: “Sigue así”; “no nos dejéis”; “he recuperado la esperanza en la política”; “yo era de esas que tú dijiste, de las que creía que sois estupendos pero que nada se puede hacer y hoy he cambiado de opinión…”; “gracias por lo que estáis haciendo”; “te escuchaba y pensaba que me estabas leyendo lo que llevo en la cabeza”; “ánimo, adelante”; “nunca había asistido a un mitin… me ha emocionado, me ha encantado…”; “yo soy de las que has dicho, no conozco a nadie en la sala… me encanta…”
Lo mismo ocurre cuando te mueves por cualquier ciudad de España. La gente se acerca, me llama por mi nombre, me saluda con afecto, me agradece nuestro trabajo, me anima a seguir adelante… Y, además, me cuenta sus cosas: la situación en la que ha quedado su marido, o su esposa, o su hijo; los problemas con la hipoteca; las dificultades para llegar a fin de mes con varios niños en edad escolar; los problemas que le generan la reducción de un sueldo ya escaso de policía, o bombero, o enfermera, o profesor; la pensión que le ha quedado a su madre viuda… Todos ellos muestran confianza hacia nosotros; todos ellos quieren soluciones y nos exigen respeto. Se que si se acercan de esa manera amable y directa es porque en nosotros ven verdad y nos consideran de los suyos; y porque sienten que necesitan que alguien ponga voz a sus pensamientos, a sus anhelos, a sus aspiraciones; y hasta a su cabreo o su rabia.
Entenderéis que me sienta una privilegiada por vivir toda esta experiencia. Porque los ciudadanos me hacen reafirmar cada día que todo nuestro esfuerzo merece la pena; y me confirman que hay millones de españoles esperando que alguien les de una oportunidad, siquiera una disculpa, para volver a comprometerse. Digámoslo con humildad, pero digámoslo a los cuatro vientos: nosotros somos, hoy por hoy, ese instrumento que va a permitir reencontrarse a millones de españoles que no son de ningún frente, que se saben de esa tercera España unida por una comunidad de valores innegociables recogidos en nuestra Constitución, que se consideran ciudadanos por encima de cualquier secta o credo y que exigen ser tratados como tales. Somos, como dijo nuestro irrepetible Álvaro Pombo, la conjunción copulativa; la que une, la que fortalece, la que suma. Y también, por que no decirlo, la que devuelve la alegría a esa política aburrida de jugar a la defensiva con la única ambición d empatar a cero.
Esto es lo que quiero compartir con todos vosotros: que hay equipo, que hay ambición de país, que hay partido, que hay juego; y que las gradas están llenas de gente dispuesta a aplaudir y disfrutar y también a ser el relevo.
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